Ya lo cantaba el conjunto musical vasco y familiar “El Consorcio”, herederos de “Mocedades”, que tantas tardes nos deleitó con sus canciones en los guateques de los setenta y ochenta del siglo pasado.
Ahora que los extremeños nos estábamos acostumbrando a utilizar el tren. Mucho más cómodo, solidario, ecológico e infinidad de virtudes más. Ahora, van y nos cambian el tercio.
Cuando no es la catenaria, es el incendio de la chatarra de máquinas que, en vez de mandar al desguace, tienen a bien “regalarnos” desde Galicia. Que digo yo, que si no valen para los gallegos a quien se le ocurre que sí a los extremeños. Hace poco el baipás de Guadaljucén a Mérida y por último que van a adecentar las estaciones de trenes.
Dicho lo anterior, se entiende que lo tantas veces postergado no ha de finalizarse en un día, en un mes ni en un año, pero será razón que se acometan las obras, todas, necesarias de una bendita vez.
No hay quien entienda esta tortura permanente que roza ya la broma de mal gusto. A poco que se tenga interés y se revise la totalidad de las vías de la alta velocidad ferroviaria extremeña se podrá comprobar que no hay una dirección de obras coordinada y única.
A falta de coordinación ferroviaria, ayer asistimos a la implantación de un nuevo “parche”, uno más. Gerentes y operarios se afanaban, a las puertas de las estaciones de tren de Badajoz y Mérida, ayudando, informando e incluso acomodando a los pasajeros.
Autobuses en lugar de trenes y algo de demora, subsanada y ampliamente resuelta por el personal que, como de costumbre, es lo mejor que tenemos en las empresas.
Sirva el presente artículo como apoyo incondicional a las autoridades, unas y otras, que tengan a bien remangarse y finalizar el entremés, si no sainete, en que se ha convertido el transporte público en Extremadura.
Además, de agradecimiento a los trabajadores y a los usuarios que siguen apostando por los medios de transporte colectivos y públicos a pesar de los pesares.












