El Tribunal Supremo ha inadmitido a trámite el recurso que el cantante Joaquín Sabina interpuso contra la sentencia condenatoria de la Audiencia Nacional que avaló la deuda tributaria del trienio 2008, 2009 y 2010.
Imagino a mi admirado Juan Antonio Monterrey Mayoral, doctor en Ciencias Económicas, disfrutando de sus merecidas vacaciones en la playa, leyendo esta noticia. En esta primera quincena de agosto en la que los paseantes pacenses nos vemos forzados a modificar el recorrido de “la ruta del colesterol” al estar cerrado el Campus Universitario.
Haría bien en preocuparse, pues su ya veterana Cátedra de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Extremadura bien podría estar subastándose entre una pléyade de inteligentes advenedizos e ignorantes impostados que, súbitamente o como se decía antaño: “por Ciencia infusa”, parecieran haber adquirido los conocimientos propios de su magisterio sin necesidad de acudir a las aulas universitarias.
Patriotas hay de derechas y de izquierdas, faltaría más. Artistas también, diestros o zurdos, pues en ésta España plural de ambos atesoramos. Genios del arte conservadores y monárquicos en contraposición a sus colegas progresistas o republicanos.
Dentro de este gremio, como en cualquier otro, los hay más y menos protagonistas e implicados en según qué corrientes ideológicas o políticas. Artistas de profesión o subsistencia, vocacionales y tocados por la varita mágica. Los elegidos, en todas y cada una de las siete bellas artes o en las más modernas y emergentes, aún no definidas ni admitidas como tales.
Y para artistas, lo que se dice: ¡artistas!, los que últimamente vamos conociendo. Una lista interminable de grandes profesionales que además se nos descubren ahora como grandes matemáticos. Cuando menos, grandes contables y “trileros”, en lo referente a sus obligaciones para con el resto de nuestros compatriotas.
El último en unirse a este privilegiado núcleo de patrioteros habilidosos ha sido el aparentemente bohemio y sin embargo avaro Joaquín Sabina. Además de haber distraído una suma más que considerable a la Agencia Tributaria se ha permitido el lujo de lo que, a partir de ahora, debería considerarse como agravante.
Pues agravante estimo el “cachondeito” gratuito e innecesario al denominar a una de las “sociedades pantalla” con la razón social “El Pan De Mis Niñas, S. L.” y a otra como “Ultramarinos Finos, S. L.”. En el año 2009 registró las letras de su trabajo “Vinagre y rosas” a nombre de la primera, ahorrándose los impuestos que, según acaba de conocerse, debería haber pagado.

Me ocurre con este personaje de hoy lo mismo que me ocurriera con “el admirado líder de las mañanas radiofónicas, Herrera Carlos”, como él mismo se presenta. Quien, junto a Luis Del Olmo e Iñaki Gabilondo, ha sido mi compañía radiofónica en las mañanas de una buena parte de mi vida.
Tan sólo lo he visto una vez en mi vida, a Sabina me refiero, y también en un coso taurino, como me ocurrió con Herrera. En esta ocasión en la plaza de toros de Valencia el día de la corrida del maestro José Tomás. De grana y oro, ambos, el torero y el cantante.
Paradójico que este ejército de mercenarios españoles, muy españoles tal vez, tan sólo lo sean a la hora de reivindicar y menos a la hora de contribuir. Qué fácil predicar y qué cicateros a la hora de dar trigo. Cuánta hipocresía al declarar el cantante entonces, refiriéndose a su prole, que había decidido “no dejarles un duro” tan sólo “derechos de amor, un roto en el corazón y un mar de dudas”.
Un desamor más en mi roto corazón y ninguna duda, la que éste alberga, a la hora de valorar separadamente la obra de tanto genio creador y su incívico comportamiento. Una vez más he de recordar la máxima de que España es la nación más fuerte del mundo, pese a los nacionales españoles y muy españoles.












