Bajan las aguas revueltas en el PSOE regional, casi tanto como reina la “calma chicha” en el PP. Una vez confirmada la favorable evolución y el pronóstico menos grave de la patología de su secretario regional, comienzan a oírse las voces discrepantes del proceso de primarias iniciado a primeros del presente mes de febrero.
En el año 2008, el por entonces secretario regional y líder indiscutible de los progresistas extremeños se vio obligado a decidir. No se excusó. A pesar de sus dolencias cardíacas tuvo la fortaleza mental suficiente para elegir a quien, en ese momento, mejor podría continuar con la labor de un partido que, con la igualdad por bandera, obtuvo los mejores resultados de España.
Hete aquí que, casi dos décadas más tarde, una vez perdida la presidencia de la Junta de Extremadura, quien fuera apoyado en exclusividad y con rotundidad por su antecesor opta por la solución salomónica y lejos de apostar por marcar la senda política se desmarca y se centra en cuestiones nacionales o particulares.
Pareciera que lo más “cuqui” fuera dejar en manos de los militantes la elección del líder del partido, en el mal entendido de que así el proceso es más democrático y se abre a la decisión de la mayoría. Nada más lejos de la realidad. ¿Quién de los militantes puede abandonar su trabajo durante un mes, coger su coche y dedicarse a recorrer Extremadura para hacer campaña o darse a conocer?
En efecto, tan solo aquellos que pertenecen al aparato del partido o quienes tienen su nómina segura. Funcionarios o cargos nombrados por el Partido Socialista Obrero Español, acaso algún liberado sindical con aspiraciones. De modo que, en realidad, la igualdad que se pregona salta por los aires y no aguanta el más mínimo examen.
Llegándose a la contradicción de sus principios básicos, fundacionales y filosóficos, podrían llegar a redefinir al partido como el PSFE (Partido Socialista de Funcionarios Españoles) que, por mor de la propia estructura y de los intereses egoístas de unos pocos, están logrando desilusionar a los simpatizantes de lo que, desde décadas, era un proyecto progresista y que actualmente, vira a una suerte de presidencialismo marxista y demagógico.
Tres candidatos, sin duda apoyados todos ellos por Fernández Vara. Uno se define como el paladín del PSOE de las mayorías, la otra (en un arranque de humildad) como la mejor candidata por preparación y fuerza, no por ser mujer. El tercero… vaya usted a saber. ¡Qué espectáculo… tan penoso!
Los militantes y simpatizantes obligados a elegir por filias o por fobias. Las secuelas de las primarias que, por lo ya visto en esta y otras formaciones políticas, tan sólo generan rencores y corrientes de opinión lejanas a las ideológicas o más próximas a la venganza. Generando grupos de interés económico o profesional cuando no particular y familiar que priman sobremanera o debilitan el objetivo del cambio social.
En resumen, la herencia de Guillermo Fernández Vara es la pérdida de la Presidencia de la Junta de Extremadura y un Partido Socialista debilitado en Extremadura por primera vez desde su refundación en la etapa de la Transición o peor aún, dividido en al menos dos facciones, quizás tres, donde priman los proyectos individuales de quienes no tienen otro medio de vida.
Mientras tanto, María Guardiola Martín disfrutando con Trancas y Barrancas, en el pregón de los Carnavales de Badajoz. Quien iniciara su andadura como trabajadora humilde y tenaz, una vez frenado el ímpetu original y mejor asesorada, se alza como líder estratega y se va ganando día a día, con su sonrisa, el afecto y el reconocimiento de los extremeños.












