Elecciones anuales, esta es nuestra propuesta, y es que anda el sector de los servicios al borde de un ataque de nervios. No por falta de benzodiacepinas, que por algo España es la primera en el ranking de las naciones consumidoras de estas sustancias, legales o no, según estén amparadas y recetadas por prescripción facultativa o por la Torre de Babel en la que se ha convertido internet.
Es la parte pública, la política municipal y regional, la que requiere con urgencia de sus magistrales dotes. En la Augusta Emerita, romana y carnavalera, los pintores andan dando brochazos a diestro y siniestro. Igual te pintan un “stop” en el asfalto del cruce de las calles Benito Toresano y Pizarro (como si pretendieran engalanar el último mosaico descubierto) que te repasan las señales horizontales de la circulación vial de la avenida Princesa Sofía. Bajo la atenta mirada del diafragma del radar, vigilante desde su atalaya.

En Cáceres los agraciados, con esta suerte de locura colectiva y laboral a más no poder, son los jardineros. Cual batallón verde y fluorescente andan desaforados lidiando con el exceso de currelo, plantando nada menos que setecientos árboles de golpe. Se ve que nadie se había percatado de la orfandad de los alcorques hasta este mes de febrero.
Ya próximo el fin de la época idónea para acometer estas labores de plantación, y pendientes de la proximidad de la primavera o cuando menos del buen tiempo, es muy loable su esfuerzo y penalidad. Tanto o más que reprochable es la falta de antelación y previsión de quienes les hayan encargado la chamba o misión reponedora.

En Plasencia la cimentación de las farolas, caminos y obras a discreción, que estamos de fin de ciclo político, como si de final de las rebajas se tratase, y según los mentideros, alguno tiene un pie en Madrid. Que en Plasencia se aburre y en la capital del Reino hay magníficos conservatorios y un más elitista ambiente musical. ¡Dónde va a parar!

En Badajoz, las cuadrillas de peones se muestran aplicadas y académicas, cual doctorandos, renovando los acerados y rotondas, por enésima vez, en las urbanizaciones próximas a la Universidad de Extremadura.
Al lado mismo de la excelente Universidad de Mayores que ¡más vale tarde que nunca! Especial interés el de aquellos que no cejan en su empeño en aprender, sin excusas de tiempo ni edad, sin otro objetivo que el enriquecimiento personal y el engrandecimiento cultural.
Y sin duda, desconfiados y malpensados habrá que entiendan que este frenesí ocupacional es debido a que en menos de cien días tendremos la primera cita electoral de este año 2023. Pues si por un casual tuvieran razón, no estaría de más estudiar la posibilidad de la equidistante distanciación anual de cada una de las cuatro elecciones políticas que laboralmente nos benefician.
Dividiendo y repartiendo las tareas y las prisas. De modo y manera que un año las municipales, al siguiente las autonómicas, al tercero las nacionales, terminando por último con las europeas. ¡Y vuelta a empezar!












