Hace unos años, cuando todo el mundo (no exagero) hablaba en España de Venezuela, me dio por imprimir un mapa mudo, es decir, un mapamundi en el que no aparecían los nombres de los países, ciudades, ríos, montañas y demás geografías. Pero en vez de del norte de América del Sur, que es donde se encuentra Venezuela, lo saqué de Asia.
Luego, en conversaciones de bar, las más jugosas y divertidas, en cuanto alguien sacaba a colación el nombre de Venezuela, yo enarbolaba mi el mapa de Asia y preguntaba al más exaltado de los contertulios:
“Tú que sabes tanto, que seguro hasta sabes el nombre del Consejero de Educación de tu Comunidad, ¿Dónde se sitúa Venezuela en este mapa”.
Si hice la misma operación diez veces, las diez veces, situaron a Venezuela en sitios diferentes. Unos señalaban Camboya, otros Chipre, Tailandia o Corea del Norte. Alguno hasta aseguraba que Venezuela era una isla y la confundía con Japón.
Luego, eso sí, seguían hablando de Venezuela con gran efusión, parafernalia, gritos, insultos y desparrames, siempre dirigido contra un partido político de nueva hornada.
Yo acababa la conversación, no con vergüenza ajena como debiera, sino diciendo en voz baja:
“Ojo, que lo mismo hay alguien que piensa por vosotros”.
Pero claro, quién era yo para estas cosas.Menos mal que como lo importante en sus vidas en esa época -supongo que ahora, debido a la consistencia y furia de sus convicciones, también- era Venezuela, el que yo fuera pedante y vanidoso y me jactara de sus ignorancias (yo mismo estoy orgulloso de mi ignorancia: soy feliz sabiendo lo mucho que me queda mucho por aprender), pasó a segundo plano. Mejor para mí.
Ni que decir tiene que poseo mi propia versión de los motivos por los que de pronto se puso el foco -en España- en Venezuela hace siete u ocho años, pero prefiero las de aquellos que haciendo elogio de la inutilidad, me deleitaban con su saber. Tiene que ser interesante para alguien de un pueblo grande o ciudad pequeña como es Mérida (no, la de Venezuela no) conocer cada rincón de Venezuela -su situación política, sus carencias y miserias-, ese país situado en el mapa mudo (en otros no) en el este de Asia.
Ojalá, supiera yo tanto de Venezuela como de los otros 194 (Zimbabue, Zambia, Yibuti, Yemen, Vietnam…) que existen en el planeta Tierra.
La envidia me puede. No lo puedo remediar. Lo mismo es cosa del elogio de la inutilidad. Por lo pronto, tengo a mano mi mapamundi sin nombres para cuando vuelva a la actualidad en España ese gran país -eso me contó un amigo que vivió allí unos años- que es Venezuela.
Fin.












