Es un experimento sociológico… así empezaba la presentación de aquel otro hito televisivo que fue “Gran Hermano”. En esta ocasión, “Mediaset” actualiza y supera con creces el morbo de aquel programa de hace dos décadas.
La receta es bien simple y por ello eficaz, nos facilitan la posibilidad de actualizar nuestros conocimientos de las artes de seducción de la juventud de hoy en día, sin movernos del sofá y a un solo golpe de click. Los que somos padres, no salimos de nuestro asombro. Interrogo a mis hijos y me responden que los jóvenes protagonistas del reality no son sino fiel reflejo de la juventud actual. Por más que les animo a que me reconozcan que son actores siguiendo un guion, no hay manera. ¡Qué no papá, que son jóvenes como todos!
¡Qué desazón! Será posible tanto egoísmo y exceso de hormonas. Cuanta falta de humildad y sinceridad para sí mismos y sus parejas. Será por el tiempo transcurrido, no lo recordaba así. Está claro que me voy haciendo mayor y empiezo a asombrarme de según qué forma de abordar las relaciones sociales y especialmente las románticas. Bien es cierto que estas que estamos descubriendo en esta edición de románticas tienen más bien poco.
Que no digo yo que haya que volver a aquello de que cuando se quería a alguien había que ir a hablar con la familia. Aún recuerdo haber escuchado en mi juventud que si pretendías a una moza de otro pueblo tenías que convidar a los paisanos para que te permitieran “hablar” con ella. También se me quedó grabado en la memoria la figura de la “carabina”, señora de compañía (sin doble intención) que velaba por que corriera el aire entre los enamorados.
De aquellas costumbres y tradiciones de antaño a estas que ahora aprendo dista demasiado, quizás. Pero permítanme explicarles a lo que me refiero. Se trata de un programa preciosista y aparentemente espontáneo y con giros inesperados y sorprendentes por lo rápido que transcurren los cambios emocionales de los protagonistas.

Cinco parejas de jóvenes que, teóricamente al menos, dicen quererse y que se someten a lo que entienden como un desafío emocional. Ya de entrada el planteamiento es digno de estudio: que como quiero a fulanito lo voy a poner a prueba. Eso sí con cámaras para no perder detalle de si hace o deja de hacer. Y como tentadores diez chicos y chicas con casi tanto exceso de belleza como escasez de cultura e inteligencia que están dispuestos y dispuestas, que diría el poeta, a lo que sea menester.
Todo ello amenizado con música actual y una paleta de colores impresionante que no hace sino ensalzar las villas playeras que sirven de set de grabación. Si a ello le unimos la temperatura y humedad de las playas tropicales y sobre todo el tamaño de los vasos donde seguro les facilitan las mal llamadas bebidas espirituosas (que aquí son más carnales) dan como resultado que, apenas empieza el show, de cinco parejas quede una.

Y como el espectáculo debe continuar, esa que quedaba la expulsamos que eso no es lo que la audiencia desea ver. Así que Sara y Manu para casa y entran Ana y Cristian que sin duda van a dar más juego. Y ¡ya está el lío formado! Cristian que se desnuda y María de los Ángeles, rápida que va en su ayuda. Tania que se inventa una excusa para seducir sin cortapisas a Hugo. Mario que sí pero que no, su novia Laura que cada vez se acerca más a Adri, por si acaso. Álvaro que se ha dado cuenta que la anteriormente modosita Claudia es mucha Claudia para el inexperto Javi.
El llorón Andreu que, entre llanto y llanto, le compone canciones a la maestra granadina y que además se lanza al estrellato gracias al hit “Tentadora”. Mientras, su novia Paola a Dios rogando y con el mazo dando…

Ya les digo que por mucho que me gusta Mercedes Milá, su alumna destacada Sandra Barneda, lleva magistralmente y con un derroche de humanidad y bondad las diferentes situaciones. Intentando resolver y ayudar a los díscolos enamorados. Aunque sólo sea por ella ya merece la pena trasnochar y aprender de todo lo que aquí se cuece.












