San Carlos Borromeo
@EntreBorromeos
Tras una larga enfermedad, esta madrugada (del 15 de febrero de 2023) ha fallecido Enrique de Castro, amigo y cura en esta parroquia de Entrevías. Con tristeza por la marcha y alentando la Esperanza que él nos transmitió, le despediremos mañana Jueves día 16 a las 13:00h. en el crematorio de la Almudena.
Cuando uno de mis hermanos hizo la mili en Figueiredo (Pontevedra, Galicia) a finales de los años setenta del siglo pasado, se hizo colega de un recluta de su quinta. El tipo era de Vallecas. Según me contó mi hermano, el chaval era de los que se decía “peligroso social”, un quinqui, un macarra.
Tenía tatuajes en las manos y en los brazos, sabía hacerse porros (petardos, trompetas), llevaba una navaja en el bolsillo trasero del pantalón de campana (cuando no iba disfrazado de soldado) y un paquete de Fortuna dentro de la camisa a la altura del brazo.
Un día el vallecano -buena gente con los suyos- llevó a mi hermano a su casa. A su barrio. Lo que más asombró a mi hermano fueron que todas las casas eran bajas con dos o tres escalones para entrar. En alguna que otra puerta había mujeres muy pintarrajeadas, como si esperaran algo, acechando.
Las calles estaban abarrotadas de niños corriendo, saltando, empujándose o jugando al fútbol descalzos o con botas katiuskas con un balón de plástico con los rombos negros pintados. Y todos pelados igual, a “cazón”, con el pelo liso y el flequillo en horizontal a mitad de la frente.
En aquellos años -finales de los setenta- en mi barrio nos metían miedo con “que viene el Lute”. Más tarde hicieron furor las películas de quinquis, principalmente “Perros callejeros” y “Yo, el Vaquilla” (alegre bandolero), pero también “Navajeros”, “Colegas”, “El Pico” o “Busca y captura”.
Películas que nos recordaban a Vallecas y a esos barrios que imaginábamos llenos de delincuentes, de chabolas con los tejados de chapa, de coches robados y de motos rectificadas y con el tubo de escape roto para hacer más ruido.
Hago esta larga presentación para explicar un poco cómo era la Vallecas de aquellos años en los que escuché hablar por primera vez de Enrique de Castro, “el cura rojo”.
Vallecas, Entrevías, el Puente de Vallecas, el Pozo del Tío Raimundo. A un profano, a un pueblerino como yo, estas zonas siempre me han sonado marginales, relacionadas con la droga, la prostitución, las exclusiones sociales. Era donde vivía Enrique de Castro.
Enrique de Castro pasó de ser un sacerdote (creo que era de familia “pudiente”, su padre era militar) con una concepción tradicional de la religión y de la sociedad, a convertirse en uno de los más importantes curas Rojos o curas Obreros de España, como también se les decía.
¿Cómo ocurrió la transformación? Quizás cuando llegó a Vallecas en 1972, cuando vio la realidad de la marginación: las drogas, el alcohol, las familias destrozadas, la delincuencia, el analfabetismo, inmigrantes sin techo, ex presidiarios.
Para la Iglesia, Enrique de Castro debiera ser el demonio o algo peor y él solo dedicó su vida a ayudar a todo tipo de personas a acercarse a quienes nadie se acercaba, intentando que este mundo (ese mundo, el de Entrevías y Vallecas y demás) fuera mejor.
En 2007 el cardenal Rouco Varela intentó cerrar “su” iglesia (los tres curas eran Javier Baeza, Enrique de Castro y José Díaz) por lo “poco ortodoxo de la liturgia” (oficiaba en vaqueros, sin casulla, utilizaba rosquillas consagradas, alguna vez dio misa fumando) (suena sacrílego a la par que divertido, al menos le quitaba el hambre a más de uno…) pero no lo consiguió. Yo creo que pocas personas se enfrentaron al todopoderoso Rouco Varela como lo hizo Enrique de Castro.
Hizo y dijo mucho (escribió varios libros) pero una frase suya que me gusta es la que dice algo tan sencillo como que:
”La mejor manera de contener la pena es celebrando la vida, la amistad y la liberación”.
Si el cien por cien de los sacerdotes (y sobre todo, las altas jerarquías) fueran como Enrique de Castro (el cura rojo) siempre al lado de los más vulnerables, los más necesitados, los pobres de la Tierra (como dicen que hizo Jesucristo) (pero no por una mal llamada “caridad cristiana”) quizás la vida sería mejor.
Yo creo que lo que hizo demuestra, no solo su valor como persona humana, sino que todavía, con personas como él, no todo está perdido.
Descanse en paz.













Haberlos, habíalos. Cualquier ciudad que se preciara, tenía su o sus curas rojos y/o comunistas y que resultaban más conocidos por su labor que el resto de ellos. Daban vida al pueblo llano con su sencillez, simpatía, integración y sacrificio.
Descansa en paz compañero.