La economía española se ha caracterizado en las últimas décadas por desarrollar un potente sector servicios, pasando del 46% del PIB en 1970 al 75% en el año 2022. Sin embargo, la industria y la energía han pasado del 25% en 1970 al 16,9% del PIB en el año 2022, aunque si es cierto que en los últimos tiempos se está hablando de la necesidad de un proceso de reindustrialización, algo que considero que es imprescindible a la hora de revitalizar la economía de un país.
Los economistas opinamos que la industria manufacturera crea riqueza en comparación con el sector de los servicios. El sector de los servicios sin embargo se considera un consumidor de riqueza. La industria manufacturera es una actividad importante para promover el crecimiento económico y el desarrollo. Es cierto que las naciones que exportan productos manufacturados tienden a generar un mayor crecimiento marginal del PIB, lo que favorece el aumento de las rentas y, por tanto, de los ingresos fiscales marginales necesarios para financiar gastos públicos como la sanidad y las infraestructuras. Entre los países desarrollados, es una fuente importante de puestos de trabajo bien remunerados para la clase media (por ejemplo, la ingeniería) que facilita una mayor movilidad social de las sucesivas generaciones en la economía.
Pero para llevar a cabo esta hipotética reindustrialización, hay que tener en cuenta que la mejora de las condiciones para desarrollar la mejor estrategia industrial no depende en exclusiva del ministerio que ostenta estas competencias, pues hay otros factores como las infraestructuras, la tecnología, la innovación y el desarrollo de las habilidades de las personas, que son hoy competencia de otros ministerios, o incluso de otras administraciones por la descentralización de competencias. Es por tanto necesario, la elaboración de un Plan Marco de gobierno orientado a la reindustrialización del tejido empresarial abordando así todos los aspectos necesarios para ello. y no solamente del Ministerio de Industria, aunque este último tenga el papel protagonista y una labor de coordinación de aquellos elementos críticos.
Un ejemplo de este intento de reindustrialización, por ejemplo, lo tenemos en el Plan Industrial Green Deal o pacto verde, este actualmente intenta mejorar la competitividad de la industria europea. Un Plan que tiene como objetivo proporcionar un apoyo activo para la ampliación de la capacidad de fabricación de la UE para las tecnologías y productos cero emisiones y cumplir con los objetivos climáticos.
En España sin embargo en esta acción previsora, hemos realizado pequeñas avanzadillas un ejemplo lo tenemos en Catalunya y la implantación del Pacto Nacional para la Industria (2022-2025), este pacto se estructura en torno a 5 ámbitos temáticos. En primer lugar, Sostenibilidad, energía y economía circular con 27 actuaciones y presupuesto de 589.528.000 euros. En segundo lugar, Digitalización, Industria 4.0, innovación e internacionalización, que cuenta con el presupuesto más elevado, 901.247.374 euros.
Empleo de calidad, condiciones de trabajo y formación de las personas trabajadoras en la industria es el tercer ámbito y está dotado de 677.519.584 euros, seguido de Infraestructuras y suelo industrial, con 548.670.835 euros. El quinto y último ámbito temático es Financiación y dimensión empresarial, y se prevé una aportación de 100.600.000 euros.
Mi opinión es que esta reindustrialización debería venir de la mano de la Industria 4.0, ya que esta se relaciona con una forma de organización revolucionaria y con la inclusión de tecnologías innovadoras que faciliten la digitalización de todos los servicios y las tareas que se llevan a cabo en el seno de las organizaciones.
El futuro de España no tiene por qué ser un lugar distópico que condene el país a la desindustrialización, y, por ende, al desempleo de una buena parte de los trabajadores industriales actuales. Si bien es cierto que la transformación digital y la transición hacia la descarbonización de la economía genera riesgos, también es una gran oportunidad para la reindustrialización si sabemos gestionarlo con audacia e inteligencia.
Y sin embargo la Industria 4.0 puede reportar a las compañías numerosas ventajas, como pueda ser la capacidad de adaptación a las nuevas exigencias tanto del mercado como de los consumidores, la autogestión, el aumento de la productividad y la toma de decisiones cada vez más inteligentes.
Esta podría a su vez impulsar una 4ª Revolución Industrial. De este modo, se crearían iniciativas de negocio y fábricas que sean cada vez más autónomas y eficaces en la consecución de sus objetivos., a su vez proporcionaría la inclusión de tecnologías innovadoras que faciliten la digitalización de todos los servicios y las tareas que se llevan a cabo en el seno de las organizaciones. España sin más demora, debe apostar por una nueva reindustrialización ligada a la economía verde y circular.












