Lo que nos está ocurriendo en estos días no puede ser cierto, no es posible que esté sucediendo, necesitamos despertar de esta experiencia onírica patológica, pesadilla política y jurídica, en la que nos ha sumergido nuestro presidente en funciones y candidato único a repetir en el cargo, presidente “in pectore”, respaldado por el silencio acomodaticio de un Partido Socialista Obrero Español entregado, si no rendido, a la mayor gloria del líder.
Pactos y negociaciones, chalaneo indecente y desigual en el que, una banda de delincuentes, tienen tomada la medida al “Ave Fénix” que, inmerso en su obsesión, no duda en vender a su madre (España) y a quien haga falta (PSOE) con tal de conseguir su objetivo, su único objetivo que es su enfermedad y por contagio la nuestra.
Chulesco y carcajeándose, el Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, señor Carles Puigdemont i Casamajó, el gran villano, se regodea, pospone su decisión y recuerda: ”No cambiaremos la prudencia y precauciones que hemos mantenido hasta ahora por más prisas que algunos tengan”.
Por otra parte, la pela es la pela y en el texto del acuerdo con Esquerra Republicana de Catalunya se expone: “Se procederá a tramitar una modificación legal de alcance general para todas las Comunidades Autónomas de régimen común que permita la asunción por parte del Estado de parte de la deuda autonómica con éste, originada por el impacto negativo del ciclo económico”.

Es aquí donde se adivina la trampa, pues los españoles entendemos que se trata de un artificio contable y lo que se consigue es tan sólo modificar el número de la cuenta donde se asienta la deuda, sin embargo, para los secesionistas la deuda cambia de sujeto responsable y deudor pasando desde su utópica por irrealizable, imposible e inexistente República Catalana al Estado Español.
¿Dónde están los jesuitas? ¿Dónde aquellos españoles que iniciaron un motín, hartos de hambrunas, sequías y de imposiciones absurdas en la vestimenta por parte del marqués de Esquilache? ¿Qué solución magistral o brebaje somnífero es el que se nos está suministrando para que estemos aletargados ante tanta ignominia?
El ministro de Carlos III quiso erradicar los sombreros anchos y las capas largas para evitar la impunidad de los embozados, delincuentes que ocultaban su identidad bajo estos ropajes y nuestros compatriotas del siglo XVIII se negaron a adoptar la capa corta y el sombrero de tres picos.
No es momento de revueltas, tumultos ni turbas que marchen hacia el Palacio Real, ni Felipe VI es Carlos III, pero parece llegada la hora de iniciar una movilización pacífica y popular que alborote e impida semejante felonía.
Basta ya de tranquilos, sumisos y obedientes súbditos adormecidos y vasallos arrinconados por enemigos astutos, mañosos y osados. ¡Españoles! ¡Despertad!












