El chamán es el ventrílocuo de los dioses en las culturas mágicas. Dioses creados por la tribu, que sirven para amortiguar los miedos, establecer jerarquía de valores y reglar la sociedad para evitar el caos. Tiene la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva desde los intereses de los dioses inventados por los más listos de la tribu. Tratan de establecer un relato y una lógica causal, pretendiendo tener la capacidad de sanar, trascender con los espíritus de los ancestros y adivinar el futuro según interese. Mediante procesos mágicos puede interpretar factores climatológicos, como que la desertización es un juego inocente de los dioses.
Me sirve la figura del chamán para establecer un paralelismo con un partido que ha normalizado la mentira y elabora de forma interesada un relato mágico sobre España. Feijóo sigue la estela de los anteriores jefes del clan. Un clan que sobrepasa la estructura de su partido como instrumento intermedio para interpretar la voluntad de sus dioses; dios del dinero o de la justicia.
Feijóo vuelve a repetir la tradición de chamán, que escucha a los dioses e interpreta las voces que le llegan de sus ancestros; revisados y blanqueados por una historia negacionista hecha a su imagen y semejanza. La tribu está cansada y no busca la racionalización del proceso; tan solo una narración que les de certidumbres y un chamán con múltiples tentáculos se la sirve en bandeja.
Desde que se inició el cambio de siglo, se han producido acontecimientos en España que han ido normalizando un relato mágico y fabulado. El desastre del Prestige y el Yak 42 fueron catástrofes que el chamán de la tribu comenzó a justificar con explicaciones basadas en la mentira. El “Tamayazo” en Madrid o la participación de España en la Guerra de Irak, se justificó bajo la amenaza de que ese país fabricaba bombas de destrucción masiva y el chaman tenía la pócima salvadora para no enfadar a los dioses.
Luego, llegó el acto terrorista del 11-M, y la gran mentira de nuestra democracia tuvo como respuesta colectiva un cambio de gobierno. La tribu celtíbera dejó muy claro que en política no puede valer la mentira como fórmula para mantenerse en el poder. La respuesta fue tajante y la institución de la democracia quedó a salvo, de momento. Eso sí, los grandes clanes del país se pusieron a la tarea, en alianza con sectores involucionistas, cuestionando al patrocinador de aquella masacre. Y la tribu de ETA, claudicó en 2011.
Vino una crisis del dios de dinero y el chaman invocó nuestra ayuda para salvarlo y así salvarnos a nosotros. Eso, al menos, decía el chamán de la tribu. Austeridad que demandaban los dioses coléricos, con devaluaciones de nuestras propiedades, salarios y el recorte de todos los servicios públicos. Pero volvieron a ser desalojados.
Cuando el chamán fue expulsado de la tribu, llegó un escudo social de razón para que todos sobrevivieran, pero al mismo tiempo, un bucle malsano volvió a generar todo un artificio de realidades paralelas que fue calando, como lluvia fina, en una parte considerable de la sociedad; ansiosa por buscar respuestas mágicas, buscando el confort psicológico que resolviera todas las disonancias de la tribu.
De nuevo, entronizaron los chamanes de la tribu. El chamán Aznar lanzó, con un rictu serio y trascendente, la misma receta de aquella crisis; la de la austeridad. La tribu, harta de tanto ruido basado en la rabia y la catástrofe, debe responder a los falsos anuncios apocalípticos de los chamanes. Ruido emocional e histriónico que no responde a las precariedades existentes. Es otra cosa, o precisamente eso: la amenaza, otra vez, de un gobierno “socialcomunista”, que hay que deslegitimar, cueste lo que cueste, porque hay que calmar a los dioses, una vez más.
Su objetivo es desvalorizar nuestra democracia con infundados pucherazos y compra de votos para avanzar en esa estrategia concertada de deslegitimación de instituciones, tratando de expulsarnos cada día, un poco más, de los espacios públicos, para apropiarse con exclusividad de ellos. ¡Los dioses quieren volvernos locos!













Gracias Miguel por tus certeros y trabajados artículos.
Gracias, Isabel. El espacio colectivo no hay que abandonarlo nuca. Salud
Muy acertada la reflexión que haces de todo lo ocurrido en la política nuestra de cada legislatura.
Gracias, Agustín. La verdad hay que defenderla. <salud.