Guillermo Fernández Vara está tocado. El expresidente de la Junta de Extremadura no termina de levantar cabeza. La prueba, su intervención ante la Asamblea extremeña, la última en el Hemiciclo, dando la réplica, más bien intentándolo, a María Guardiola Martín. Fernández Vara siempre ha sido mejor gestor que orador y necesitó más de un cuarto de hora para arrancar y ser aplaudido por su grupo. Solo dijo que Guardiola tenía que ser exigente consigo misma y acometer las obras que son competencia de la Junta además de reclamar a Madrid los compromisos que están hablados. También dijo Fernández Vara que en uno o dos años se van a acabar las inversiones en el tren extremeño y éstas se irán a Castilla La Mancha. Vara ofreció un pacto a todas las fuerzas políticas para acudir juntos a Madrid y Bruselas con fuerza para plantear las cuestiones que necesita la región.
El expresidente aludió en su turno de palabra a que hay que conseguir que las exportaciones pasen por Extremadura hacia Lisboa y reprochó a Guardiola que no hablase en su primer discurso de la vivienda y de los jóvenes. Para Fernández Vara la próxima crisis será la del agua, recalcando el valor de los ríos, incidiendo que las Comunidades Autónomas no pueden quedarse con los ríos, como quisieron hacer Andalucía o Castilla León. «Le ofrezco que firmemos un gran pacto por el agua, señora Guardiola», dijo, haciendo alusión, asimismo, a la guerra de Ucrania «una guerra por el gas». Fernández Vara también le conminó a la presidenta electa a que hay que estar pendientes de la energía, que en 2040 se necesitará un treinta por ciento más de la actual.
Fernández Vara hizo un recorrido por las políticas socialistas pero no entró al trapo de Guardiola. Parecía más bien el candidato a la investidura en lugar del líder de la oposición. Recordaba, en algún momento, al abuelo Tribulete, dando consejos y queriendo marcar la hoja de ruta del Gobierno de María Guardiola, cuando ésto es imposible pues la líder popular es presa de su palabra, y el valor que ésta tenga, y del acuerdo de Gobierno de 60 puntos comprometido con Vox. María Guardiola no es libre: tiene a Madrid y a Monago muy encima y será una presidenta tutelada que no podrá hacer lo que quiera sino lo que se pacte u ordene en cada momento.
El expresidente muy flojito, en el tono Fernández Vara, pero unos grados más bajo el volumen. Demasiada didáctica y poca crítica, excepto cuando le dijo que ella iba a ser presidenta «no porque los extremeños han querido sino porque le votan esos cinco señores» refiriéndose a los cinco diputados de Vox.
Ángel Pelayo Gordillo Moreno, en su turno de palabra, afeó a María Guardiola que en la jornada del jueves la presidenta electa no hiciese ningún comentario al acuerdo de Gobierno PP-Vox, que «entiendo será un lapsus» y que no afectará, dice, a las competencias que ambos se han dado en el acuerdo firmado. El líder de Vox remachó que la política socialista ha sido «un desastre» y demandaba que en la región se rebajasen las trabas administrativas que ahogan cualquier iniciativa empresarial. Y para que no quedase duda alguna dijo: «Lucharemos para que la central de Almaraz siga abierta», al igual que hiciera más tarde Guardiola, asegurando que la energía nuclear es energía verde, y el líder de Vox calificó de prescindibles los más de cincuenta millones de euros que el Gobierno de Fernández Vara daba a los sindicatos, empresarios, mujeres, jóvenes…
«El pacto de las palabras rotas». Así calificaba la portavoz de Unidas por Extremadura, Irene de Miguel, el pacto entre PP y Vox, asegurando que a Guardiola se le «calienta la boca tela» e indicando que la presidenta electa ha dilapidado lo único que tiene un político: la palabra. «¿De verdad es usted tan ingenua?», sentenció.
Pero todo esto a María Guardiola le entró por un oído y le salió por el otro. Ella aguantó estoicamente todas las críticas y, al final, ya es presidenta electa de Extremadura y el lunes 17 de julio, a las 19.30 horas, tomará posesión como primera mujer que accede a la Presidencia de la Junta de Extremadura, primera cacereña y en un inédito gobierno de coalición. Un hecho histórico. Que sea para bien.












