El suicidio es la principal causa de muerte accidental en España, muy por delante de las causadas por accidentes de tráfico o por violencia machista. ¿Por qué, en este caso, ni las Comunidades Autónomas ni la Administración General del Estado hacen nada?
En el pasado año 2022 fueron cuatro mil noventa y siete las personas que fallecieron por esta causa. Cadáveres de segunda, a los que no hay que guardar luto según los más ortodoxos que hasta hace bien poco les negaban el entierro en lugar sagrado.
Aún a día de hoy los familiares han de soportar la perorata del párroco oficiante rememorando aquella ocasión en la que se encontró una fosa común en la que yacían los cadáveres de los soldados judíos que habían optado por quitarse la vida en lugar de la rendición.
Qué fácil es juzgar a los demás desde el púlpito, qué sencillo cuando los que escuchan están noqueados y sobrepasados por la situación, valiéndose de la ventaja que les da, cuando los yacentes, todavía de “cuerpo presente”, no tienen ya la posibilidad de manifestar lo que se les pasó por la cabeza para llevar a cabo tal contradiós.
Olvidan los que así se manifiestan y reprueban públicamente a los difuntos que, en la mayor parte de las ocasiones no es un acto voluntario, tal y como sus reaccionarias mentes presuponen, sino fruto de enfermedades mentales crónicas o transitorias que afortunadamente se van entendiendo y tratando, cada vez con más acierto.
Sólo personas malvadas y con mala fe pueden proclamar en la actualidad que los suicidas son una suerte de blasfemos cuya intención es menospreciar el regalo divino de la vida. Desde nuestro punto de vista, el simple hecho de pensarlo les incapacita para ejercer su divino ministerio.
Desde que Ramón y Cajal comenzara sus estudios, y hasta el día de hoy, los avances han sido suficientes para que los dirigentes de la Santa Madre Iglesia corrigieran o si quieren adaptaran el discurso a riesgo de ceder siquiera mínimamente la exclusiva potestad ética y moral.
Bien harían en adaptarse a los tiempos y revisar éste y otros temas que tanto han evolucionado en los últimos años. Alabamos desde estas líneas las directrices dadas por el Papa en la Jornada Mundial de la Juventud y rogamos a Su Santidad tenga en cuenta estas humildes reflexiones. ¡Amén!












