Recibo ecos de voces de suicidas, locos, borrachos, advenedizos y granujientos,
me acerco a su abismo y me piden que asomado al borde de los días recite un responso.
Mi corazón fue famoso, el más borracho, loco y colgado de las calles nocturnas,
pisé ponzoña, labios leporinos, enaguas de encaje y puertas rotas.
Mis muchas vidas se ven en las huellas de mi cara, en los surcos de mis regresos, en
las costuras de mi escondida tristeza.
Fui el que besaba en la boca a la fiebre del humo de los días,
el que acompañaba al de la guadaña hasta el precipicio.
Supe salir de todos los hoyos con muescas en el cerebelo,
me crecí y supe ser yo mismo escondido entre los afanes de mi leyenda.
Destellos de mi realidad quedaron destrozados en el polvoriento camino,
resurgí para vivir y para contarla.
Soy los espumarajos de los camareros, los borrachos, los pedigüeños de sensaciones,
los ecos de mi vida anterior me acompañan y nadie lo sabe porque siempre fui lo que soy.












