Garamendi, que se presenta en noviembre a su reelección en el cargo de presidente de la CEOE, en unas declaraciones recientes decía que su sueldo de medio millón de euros se trataba de una retribución humilde en un ámbito de alto nivel. Al parecer, él está a prorrogar su mandato durante otros cuatro años y puede que en sus emolumentos esté la clave de torpedear la negociación colectiva de una forma tan irresponsable. De paso, ese resistencialismo converge con las necesidades intrínsecas de la derecha política y económica para seguir desestabilizando al Gobierno. Estamos en la tormenta perfecta para un patrón que tuvo que asumir un número considerable de pactos con Sindicatos y Gobierno, despertando recelos en el PP. Y tiene que volver a casa.
Ahora, es un buen momento para renovar confluencias con Feijóo, volviendo a una convergencia de deseos relacionados con bajada de impuestos, frenando otra subida del SMI, o favoreciendo la contención salarial para provocar la visualización social de un presumible conflicto en las calles. Hasta los sindicatos amarillos, ya han realizado sus “performance” de Huelga General, cuando nunca hicieron una, tratando de dirigir la responsabilidad de la precarización salarial hacia el Gobierno de Coalición.
Los trabajadores y trabajadoras estamos acumulando y perdiendo poder adquisitivo desde la crisis del 2008. Ayer fue la devaluación de la moneda por la vía de la reducción salarial y ahora es la inflación, resultado del colapso económico del Covid y la Guerra de Ucrania, que nada tiene que ver con una demanda del consumo. Una inflación amplificada por los márgenes de abusivos beneficios de oligopolios por todos conocidos y por los deseos avarientos de acumulación. No se entiende que la CEOE opte por el conflicto cuando los sindicatos de clase ofrecen un acuerdo por el cual se asegure una subida parcial este año, posibilitando la recuperación en los próximos años mediante cláusulas de garantías, que hasta ahora solo un trabajador cada cuatro ha conseguido.
Tras la carrera desbocada de la inflación, los salarios crecen en España a una media de un 2%, mientras que en Europa crece por encima del 4%. Está claro que en esta media estadística hay que contemplar que más de tres millones de trabajadores aún no tienen otra subida que el cero por ciento, implementando un malestar social al que la derecha no le hace ascos.
La ecuación simplificada es salario o conflicto. En esa relación directa entre trabajadores con convenios respaldados por sectores sindicalizados y subidas salariales sólidas, el Acuerdo de Negociación Colectiva asegura el arrastre de mejoras para el resto. Aquí está la solución que CEOE está torpedeando.
Que la Reforma Laboral de Rajoy, en el 2012, dejase a los sindicatos fuera de la negociación colectiva tenía la intencionalidad última de desvalorizar los salarios y las condiciones de trabajo. Con la nueva reforma laboral, el panorama de la patronal es más complicado y deben saber que el conflicto no se dará en las calles, será en el seno de las empresas. Garamendi manifestaba, hace tiempo, su oposición a las subidas de las cotizaciones sociales, diciendo: “con las cosas del comer no se juega”, debería aplicarse la frase en esta ocasión para no enredar con sus intereses personales y con otros más inconfesables a favor de terceros.
Los grandes beneficios de determinadas empresas y la polarización entre ricos y pobres se explican por esa situación de transferencias de rentas de unos a otros que se están conteniendo por las medidas sociales del gobierno; obligado a aumentar su deuda en ciento ochenta y seis millones de euros al día para mitigar una perdida de capacidad adquisitiva de la denominada clase media. En la manipulación permanente de Feijóo, intentando manipular las cifras, esconde que con Rajoy, la deuda crecía diariamente en ciento noventa y cuatro millones, mientras se inyectaba cantidades ingentes a los bancos, se recortaban prestaciones sociales y servicios públicos, y se evaporizaba la hucha de las pensiones.
Cuando todo apunta a que somos el único país que crecerá en 2023, la actitud de la CEOE parece favorecer una pequeña recesión desestabilizadora. Todo sea para que el Gobierno de coalición llegue lo más tocado posible a las elecciones. ¡Cuanto peor, mejor! Determinados sectores del empresariado y el PP estarían encantados de salvar, de nuevo, a España.












