María Guardiola vive en una especie de pompa de jabón Lagarto, riendo a más no poder y mostrando impúdicamente esa boca llena de dientes, llevada en volandas por la prensa escrita nacional al cadalso de la publicidad institucional. Si no, a qué viene el periódico global dedicándole la portada del sábado acompañada de Feijóo en un acto público en Badajoz (con una fotografía magnífica de Jero Morales). En la partida presupuestaria de gastos de publicidad está el banquete y los comensales medio decididos. Vamos, que la boda de la pequeña Tamara Falcó con Íñigo Onieva se queda corta ante la jugosa tajada de dineros públicos que se van a la publicidad de la Junta de Extremadura, la mayoría de las ocasiones para fines un tanto dudosos.
La futura presidenta de la Junta de Extremadura –no olvidemos que perdió las elecciones del 28M– repite que quiere contar con todos los extremeños para ejercer su ministerio –quizás fuera más acertado decir misterio–, pero la verdad es que ya empezó antes del 28M a rotular en rojo a una serie de medios de comunicación poco afines y no merecedores de los dineros públicos, entre ellos Diario de Plasencia. Lo que Guardiola no sabe, pero se lo vamos a aclarar, es que nosotros hacemos este periódico por amor al periodismo y a la literatura y que nada nos dio antes el PSOE ni tampoco esperamos nada del PP, aunque continuaremos nuestra línea de llamar la atención en todo aquello que pensemos sea perjudicial para nuestra tierra. Si Guardiola quiere una aproximación a nosotros tendrá que ganársela como presidenta de todos y no de unos pocos.
Y en estas estamos cuando esta noche, a las 21.00 horas y en el Hotel Las Lomas de Mérida nos visita el líder nacional de VOX Santiago Abascal.El único que dice lo que todo el mundo quiere oír aunque luego voten a la ultraizquierda. El tiempo hace que la memoria flaquee pero no podemos olvidar que este muchacho, como decimos por aquí, tuvo que llevar escolta durante toda su juventud porque estuvo amenazado por ETA y no se quería una repetición al estilo Miguel Ángel Blanco.
Padre de dos niñas, Abascal es un político hecho a sí mismo, de derechas, que ha radicalizado su discurso llegando a un electorado que se encontraba huérfano en el Partido Popular. Ahora bien, el PP sin Vox no es absolutamente nada. Prueba es lo que ha sucedido en Extremadura, que a pesar de lo que diga Guardiola, e insista, necesita los cinco votos de Vox para ser presidenta de la Junta y así en otras muchas Comunidades Autónomas. Abascal no ganará de facto unas elecciones pero es el vencedor de todas ellas. Si Feijóo quiere ser presidente de España no le quedará más remedio que taparse la nariz y pactar con Abascal.
Aunque no se sabe muy bien por qué existen diferentes tablas de medir dependiendo de Abascal o de Díaz. Vox es un partido calificado de ultraderecha mientras que Sumar es un partido que está a la izquierda del PSOE, cuando en verdad aglutina a una quincena de organizaciones de ultraizquierda. Pareciera que Vox es el demonio y que Sumar son unas almas cándidas que no han roto nunca un plato. Pues ni unos ni otros. Abascal defiende un discurso que llega a los españoles porque pisa la calle mientras que Yolanda Díaz es una comunista reconvertida a la que le gusta el sueldito de diputada o vicepresidenta.
Mérida se llenará esta noche de incondicionales y de simpatizantes de Santiago Abascal porque, digan lo que digan, es un líder con tirón. Como Guardiola que en menos de un año se ha convertido en una mujer que levanta pasiones. Nada comparado con lo que será a partir del viernes cuando sea investida presidenta de la Junta de Extremadura y todas las aves carroñeras estén pendientes de cada uno de sus movimientos para asistir al festín de la publicidad pagada por todos los extremeños pero degustada sólo por unos pocos.












