Huele a elecciones. Seis meses y medio y todo el que quiera a depositar en las urnas las papeletas a la Asamblea y al Ayuntamiento. Pero a medida que avanzan los días hasta el último domingo de mayo, huele a elecciones porque los alcaldes sacan de los cajones de su escritorio los proyectos que más molestan a los ciudadanos porque son los que más se hacen notar. En Mérida, por ejemplo, se saca a licitación el VII Plan de asfaltado en distintas zonas de la ciudad, con un presupuesto total de 382.851 euros procedentes del Remanente positivo de Tesorería y que afectará a todas las zonas de la ciudad que restan de los anteriores planes, así como a algunas que, por el paso del tiempo desde que se renovaran, presentan algunas deficiencias.
Se hace especial hincapié en que se trata del VII Plan, es decir, coincide con los siete años que lleva Antonio Rodríguez Osuna como alcalde en el Consistorio. También se especifica que los fondos provienen del Remanente positivo de tesorería, que hay que ver lo que va a dar de sí el jodido remanente.
Por si no fuera suficiente con el refuerzo y sustitución de la capa de rodadura, se contempla, en algunas zonas, la renovación de la red de saneamiento y la colocación de nuevos imbornales.
El plazo de ejecución de las obras es de cuatro meses, que al final terminará por alargarse hasta las elecciones. En 2015, siendo Pedro Acedo alcalde, se apuraron tanto los plazos de las obras que estas se alargaron más alla de las elecciones, como sucedería en el chaflán de la calle Pizarro con Maximiliano Macías y Legión V, por ejemplo.
Carmen Yáñez, delegada de Urbanismo, se encarga de recordar que este nuevo plan «es el séptimo que vamos a llevar a cabo desde que llegamos al gobierno de la ciudad porque, desde el principio, nos planteamos la renovación de todas las deficiencias que, en materia de asfaltado, presentaba la ciudad, e ir haciéndolo de manera paulatina y no esperando hasta el último momento”. O sea, comicios a la vista.
En Plasencia sucede un tanto de lo mismo. El portavoz municipal, José Antonio Hernández, ha anunciado que se van a gastar unos 10 millones de euros en los próximos meses en obras por toda la ciudad. A los proyectos que ya están en marcha, hay que sumarle los nuevos pliegos de contratación, que se conocerán las próximas semanas, del Molino de Tajabor, la Calle Factor, El Skate Park en el parque de la isla “que está esperando los permisos de CHT” o la revisión del pliego de condiciones del entorno de los Pabellones Militares “en este caso se trata de una de actuaciones, que permitirá ajustar los precios de determinadas partidas”.
En definitiva, que estos solo son dos ejemplos de grandes ciudades extremeñas que van a tirar la casa por la ventana y, qué casualidad, las obras comenzarán o finalizarán en los días previos de las elecciones. Pero no sucede únicamente en las urbes de más habitantes. En un pueblo como Casar de Cáceres, la consejera Begoña García Bernal acaba de recepcionar las obras del camino de San Blas por importe de 200.000 euros.
Es decir, sean pequeñas o grandes las localidades y haya o no dinero en las arcas municipales, los alcaldes comienzan con una actividad frenética de obras para que los paisanos vean lo mucho que hacen y lo mucho que quieren a sus pueblo. No queremos ni imaginar que entre tanta obra se vaya a despistar alguna partida económica. Aquí si que tienen que estar al tanto los arquitectos, interventores, tesoreros así como los secretarios municipales para certificar que hasta el último céntimo de euro va a la partida dsignada. Porque, ya se sabe, a río revuelto ganancia de pescadores. Y aquí van estar las aguas turbias con tanta obra. No se dejen engañar con estos cantos de sirena y razonen qué es lo que se hace y qué es lo verdaderamente importante.












