Acabo de terminar de leer un libro de 620 páginas. Se trata de “El pasajero” y “Stella Maris” de Cormac McCarthy. Podría decirse que esta formado por dos novelas, pero no, es una novela seguida de un apéndice de 190 páginas en donde un personaje casi secundario de “El pasajero”, le cuenta su corta vida -antes de suicidarse- a un psiquiatra.
La que tiene varias sesiones con el psiquiatra es una joven de poco más de veinte años, superdotada, que con catorce años entró en la Universidad, a los dos años ya se había licenciado en matemáticas y que tuvo una época en su vida en que leía mucho, unas veinte horas al día, unos sesenta libros al mes. Y casi se los aprendía de memoria.
Husserl, el filósofo alemán, o austriaco o checo, ya no recuerdo, siempre me ha caído bien. Me parecía buena persona. No tengo ni idea del por qué de tal sensación si no lo conocía y casi ni lo he leído (¿en qué consistirá eso de la “fenomenología trascendental” que arañando de aquí y de allí, inventó?).
En la página 539, Alice, que así se llama la superdotada y futura suicida (no es un spoiler del todo porque es un asunto “secundario” en la trama del libro primero) cuenta que se enamoró de Husserl. El filósofo era matemático, igual que ella. Cuando Husserl enseñaba en Friburgo (suroeste de Alemania) acogió a un joven alumno llamado Martín Heidegger (del que dicen que se convirtió en el más importante pensador y filósofo alemán del siglo XX, amante de Hannah Arendt -de izquierdas- y un nazi que nunca trató de ocultar su fe en Hitler)
Husserl se convirtió en el profesor y mentor de Heidegger hasta que en 1933 -Husserl era profesor emérito desde 1928- fue despojado de tal dignidad en aplicación de un decreto antisemita de los nazis, es decir, porque era judío. Cuando le preguntaron a Heidegger qué le parecía esto, dijo más o menos algo así como que si no quedaba otra… O dicho por Alice: ”Husserl despejó su mesa, se fue a casa y lloró y Heidegger ocupó su cátedra”.
Cinco años después, Husserl moría. Si es que hasta su discípulo Heidegger -convertido en rector- le prohibió aquel 1933, como a todos los judíos, el uso de la biblioteca de la Universidad de Friburgo.
En vez de leer lo que escribieron Husserl y Heidegger, me quedo con la anécdota, lo fácil. Otra cosa hubiera sido si leyera veinte horas al día, sesenta libros al mes, como hacía el personaje principal de «Stella Maris», creado por Cormac McCarthy.
Fin.












