Si pasamos por delante de una estatua del siglo XVII, de Andreu Sala, que se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, no se nos ocurre pensar que ese barbudo personaje crucificado, no es Jesucristo, sino una mujer, y que no se trata de una imagen blasfema, de las que de vez en cuando nos cuelan ciertos personajes, poco respetuosos con los sentimientos religiosos de la gente, sino una santa.

Quizás no sea tan llamativa esta imagen, cuyo ropaje puede despistar, como otras de Santa Librada, o Liberada, como también se le llama, cuya representación abunda, porque curiosamente esta virgen y mártir, es más popular de lo que podría imaginarse. Muchas poblaciones, de varias naciones de Hispanoamérica, como Colombia, o Panamá, la tienen como patrona, según los relatos, traída por los primeros españoles, pero también, abundan estatuas y representaciones en Francia, o Sevilla, Sigüenza… entre muchos otros lugares, dedicadas, a este, estéticamente, peculiar personaje, lo que demuestra la devoción, nunca mejor dicho, popular, que suscitó.
Me resultó curioso, el que una de las imágenes que habitualmente es identificada como santa Eulalia, de Barcelona, de Salvador Carmona, del S. XVIII, puede ser, en realidad, una santa Librada. Siempre había sido considerada, como una representación de Santa Librada, pero tras una limpieza, y restauración, el director del Museo de Valladolid, la presentaba como Santa Eulalia, cuyo identificación ha permanecido hasta la actualidad.
Pero ¿quién fue santa Librada? No está muy clara su existencia, y si no fueron, su origen, unos relatos populares, un mito, y ni tan siquiera parece, que fue oficialmente canonizada, ni se sabe la fecha o época de su nacimiento, que varía según el relato.

La tradición, la hace nacida en la Lusitania en el s.VIII, obligada por su padre a casarse con el rey moro de Sicilia, pero ella no quiere y hace voto de castidad y ruega a Dios que la desfigure para que sea rechazada. Así, es que le sale barba. Horrorizado ante el aspecto de la mujer que debía casarse con él, la rechaza. El padre sintiéndose deshonrado, la mandó crucificar.

No todos admiten este relato. Por ejemplo, «El Leccionario de Sigüenza del siglo XII» sitúa su nacimiento en el año 122 , hija de Catelo o Catelio, gobernador romano de Gallaecia y de la noble romana llamada Calsia, el gobernador es trasladado a la Tarraconensis. La madre dio en un solo parto, nada menos que nueve hijas que repudió. Criada, Librada, por una familia cristiana, es reconocida por su padre, pero, al ser dada en matrimonio, a paganos, ella se niega. El padre, la hace matar, pero en este relato, no la crucifica, sino que la manda degollar.

Estas circunstancias, la hicieron patrona de los partos difíciles, y sobre todo de los problemas conyugales de las mujeres. Pero en estos momentos, una mártir, barbuda, y mujer, ¿de qué colectivo, suponen, se ha convertido en «icono»? Efectivamente, del Lgtbi. Casi me resulta raro que la señora Montero no la haya hecho patrona de su Ministerio, y que el 20 de julio día de su festividad, fuera, «el día de la mujer maltratada», aunque claro, ella no cree en los santos, ni mártires, porque si no tendría que reconocer a los millones de españoles santos y mártires, que es en lo que nos están convirtiendo, a casi todo/as, sus formas de gobernar.












