Yo de Leguina sé poco. Solo que fue el primer presidente autonómico de la Comunidad de Madrid y que en la canción “Aquí no hay playa” de The Refrescos, esos tipos con pinta de marchosos y fiesteros, mientras cantaban:
“Podéis tener Movida ¡hace tiempo!, Movida promovida por el Ayuntamiento. Podéis rogar a Tierno o a Barranco o al que haya, pero al llegar agosto, ¡vaya, vaya!…aquí no hay playa. ¡Vaya, vaya! No hay playa. ¡Vaya, vaya!”, gritaban “Escucha Leguina”, como avisándole de que todo muy bien excepto lo de la playa.
También sé que capitaneó en 1986 el famoso tren llamado «de la Movida” en el que los que iban dentro la “liaron” yendo a Vigo, que resultó ser el declive de tal “Movida”.
¡Ah!, y que creo en 1989 Telemadrid, fue muy amigo de Charo López y que escribe libros (tiene publicados once libros de ensayo y doce novelas).
Cuando digo que sé poco de Leguina, me refiero a que no tengo ni idea de cual fue su papel como presidente (cuantos decretos firmó, cuantas reuniones del Consejo de Gobierno presidió, si sus consejeros y funcionarios estaban contentos con sus decisiones, si los gastos que autorizó correspondían a la legislación vigente en su momento, cosillas así) pero sí tiene que ser un mérito que un señor nacido en un pueblo perdido de Cantabria, de unos tres mil habitantes, estuviera desde 1983 hasta 1995 como presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid.
Después de sus doce años comandando la que dicen Comunidad más importante de España, le sucedieron Alberto Ruiz-Gallardón que estuvo ocho años; Esperanza Aguirre, nueve; Jaime González, tres; Cristina Cifuentes, tres; Ángel Garrido, uno; Pedro Rollán, cuatro meses e Isabel Díaz Ayuso, la actual, que lleva ya casi cuatro años.
Todos ellos del PP, digamos que el partido rival y opuesto al PSOE, el de Leguina cuando fue presidente de la Comunidad de Madrid.
Me ha llamado la atención lo que dijo ayer en el 40 Aniversario del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid (que no en un acto del PP).
No sé si por un gesto de honestidad y honradez o (todo lo contrario) de falta de dignidad, ha dicho literalmente (lo que he escuchado no sé si está sacado de contexto):
“¿Qué ha pasado después? Pues lo que ha pasado después de que nosotros perdiéramos las elecciones (hace 28 años), de que yo perdiera las elecciones ¿Qué ha pasado en Madrid? ¿Está mejor o peor? Pues la Comunidad y el Ayuntamiento están mejor. Yo diría que mucho mejor. Algo que tienen que ver, yo diría que mucho, los que me han sucedido en el cargo”.
No tengo ni idea de si la Comunidad de Madrid está ahora o mejor que antes (y según para quién o quiénes) tengo otras cosas (más concretas y cercanas) en las que pensar, por eso, por un lado me parece un acto de honradez que diga que su trabajo fue peor que el de los que le sustituyeron.
No sé si es cuestión de conciencia, ética, escrúpulos, objetividad, pero reconocer los hechos (sean o no ciertos: para él, parece ser que sí) no sé si contrastados o no, es digno de elogio.
Con ciertos matices. Lo que ha dicho valientemente Joaquín Leguina, yo no lo hubiera soltado en público, será que me puede el pudor. O el orgullo.
Tiene que ser duro para los cientos, yo diría que miles de empleados (consejeros, delegados, directores, jefes de servicio, técnicos, técnicos superiores, cuerpos especiales, administrativos, auxiliares, ordenanzas, personal de limpieza, etcétera) que tuvo a su cargo, escuchar a su jefe supremo durante doce años, reconocer veintiocho años después, en público, ante toda España, no que lo hicieron mal, sino que obtuvieron peores resultados que los que llegaron después (así lo he entendido yo).
No se me hubiera ocurrido comentarlo ni en privado a mis seres más queridos, un poco por vanidad y otro poco por decencia o mejor dicho, por conservar el prestigio acumulado a lo largo de toda una vida. Se dice que gracias a él bajó el consumo de droga, la inseguridad ciudadana y el paro. Digo yo.
Y no, no se puede decir que Joaquín Leguina ha dicho todo esto por haber sido echado del PSOE o porque tiene casi ochenta y dos años.
Es, otra cosa.
Nota final: En Madrid sigue sin haber playa. Vaya, vaya.












