Durante toda la EGB, A.M.A.G-M. fue el primero de la clase en todo. Hasta tenía los dos apellidos más largos que nadie y era el primero de la lista por notas, por capacidades, por interés y yo diría que hasta por dinero. Ahora es proctólogo. Podría decir que se «llevó su merecido» pero así no queda bien explicado. Supongo que será feliz trabajando en lo que le gusta. Gana dinero, tiene prestigio social y es envidiado como cualquier otro triunfador. Y me precio de haberlo conocido.
De él tengo buenos recuerdos de infancia. Además de lo comentado antes, era enrollado, simpático, buena gente y caía bien a todos. Lo digo por si alguna vez tengo que ponerme en sus expertas y urólogas manos…y en un “por si acaso”, se acuerde de mis amables palabras.
Me acuerdo de que tendríamos siete u ocho años A.M.A.G-M cayó enfermo. Varios compañeros -varones- de clase fuimos a su casa. Vivía en un piso que se encontraba en una de las calles del centro.
Nada más entrar en su habitación lo encontramos postrado en cama. Le habían operado de de anginas, creo. Su madre nos dio caramelos. La habitación era blanca, limpia y estaba muy iluminada. Después de no mucho rato, nos largamos. Recuerdo la sensación de euforia, de contento al salir, tal vez porque él se quedaba acostado y nosotros nos íbamos a la calle a jugar. Y también por la novedad de haber visitado a un amigo enfermo.
Fue tal la impresión que cincuenta años después, aún tengo la imagen grabada. Y creo que sirve para explicar un poco lo que sigue.
No me quejo de la vida, pero pienso que si en clase no hubiéramos estado cincuenta alumnos tal vez todos podríamos haber sido proctólogos. O cardiólogos. O arquitectos, controladores aéreos. Registradores de la propiedad. Notarios. Los oficios más prestigiosos de esta sociedad. Hasta podríamos haber llegado a ser lo que nos gustara.
Pero no teníamos ni idea de nuestras altas capacidades. Por no saber no sabíamos ni nuestros gustos. Y muchos de los cincuenta alumnos de clase nos volvíamos pasotas. O asociales. Frustrados. Amargados. Recelosos, envidiosos, hipócritas. Con altos estudios “eclesiásticos” -así los llamaba Rafael Sánchez Ferlosio- también, pero no es lo mismo.
La clave de una buena educación está en no llenar las aulas de alumnos. Tener diez alumnos como mucho, doce tal vez. Y por supuesto, con los profesores de apoyo que hicieran falta.
Si yo fuera presidente como decía Fernando García Tola en su programa del mismo nombre, lo primero que haría sería convertir los colegios en lugares cómodos y habitables tanto para alumnos como para maestros. Pondría un colegio en cada esquina de todas las ciudades y pueblos, con lo cual daría trabajo a aparejadores, arquitectos, albañiles, electricistas, fontaneros y…licencias de obras a los Ayuntamientos.
Motivaría a los maestros y maestras con diez o doce alumnos por clase, sería la única forma de crear personas plurales, felices, con criterio, principios éticos, sensatez, buen juicio, personalidad, carácter y sabiendo reconocer los miedos.
Bueno, vale, también cobrarían más dinero.
Llamadme utópico, descerebrado, engreído, enterao. A estas alturas de la película ya todo me da igual.
Termino. Mi compañero de EGB, A.M.A.G-M era muy inteligente y muy capaz pero seguro que no se acuerda de cuando se puso malo y varios compañeros de clase fuimos a su casa. O seguro que sí se acuerda, que por algo era el primero de la clase. En todo. Me he acordado de repente de que es proctólogo. Lo digo por si tiene que echarme una mano, que sea con guantes de látex…
Me han dicho que actualmente vive en Badajoz, lo mismo si coincido algún día con él, recordaremos viejos tiempos y hasta lo mismo le cuento que un día hablé bien de él. Por si acaso.
Firmado: Juliano y la Próstata, digo, Juliano el Apóstata.
Fin.












