La presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, es más astuta de lo que nos había hecho creer. Para empezar, se las ha dado con ondas a su socio de gobierno. En las negociaciones que terminaron con una consejera de Vox se habló siempre de nueve consejerías que, de facto, son las que hay pero Guardiola ha nombrado a la jueza Ara Sánchez secretaria general de Igualdad y Conciliación con rango de consejera; por lo tanto, en el Consejo de Gobierno de la Junta habrá once asientos (el de la presidenta y los de los diez consejeros) y eso no fue lo hablado con Vox. Aunque también es verdad que los de Abascal tenían tanta prisa por entrar en el Consejo y hacerse con el senador autonómico que hubieren firmado en barbecho.
María Guardiola tenía la intención de asumir las competencias de Igualdad y Conciliación pero escuchó, durante el debate de investidura, a Guillermo Fernández Vara decirle que no cometiera esa torpeza, que él asumió esas competencias en su primer mandato y se equivocó, «no lo hice bien», decía Vara, aconsejando a la presidenta encargar estas tareas a otra persona. Ahora, Guardiola ha elegido a una magistrada de carrera y cualquiera le tose a la jueza a partir de ahora. Además, experta en violencia de genero, ahí es nada.
Desde este momento, nadie podrá decir que la presidenta Guardiola no tiene en cuenta a las mujeres y la necesidad de una política de Igualdad y Conciliación que palie, en la medida de lo posible, la violencia machista y lo que ella acarrea. A Vox no le gusta mucho el término violencia machista pero es que no se puede llamar de otra manera a la violencia que ejercen unos hombres descerebrados contra las mujeres y sus hijos. Es verdad que en nuestra región, la cifra de homicidios por esta razón presenta una ratio muy baja, pero no podemos mirar hacia atrás para no ver que los centros de acogida de mujeres maltratadas están llenos.
Por otra parte, la presidenta Guardiola ha nombrado a un Consejo de Gobierno un tanto alejado de la política y muy técnico, de modo que se podría decir que la Administración Guardiola está formada por tecnócratas que pueden realizar un buen trabajo en la medida que conocen el terreno que pisan. Otra cosa será la voluntariedad de los funcionarios de cada departamento aunque sería injusto no reconocer que éstos se baten el cobre por que la Junta de Extremadura funcione siempre que están bien dirigidos.
Hay pijaditas como jurar el cargo en el MNAR, cambiar de lugar a los grupos en la Asamblea o votar con Vox que los altos cargos de la Administración regional no comparezcan antes de tomar posesión de sus asientos en aras a la transparencia, pero, realmente, son detalles que no influyen en la cesta de la compra, disparada por todos los lados. El objetivo primero de la presidenta Guardiola tiene que ser bajar los precios de la alimentación. ¿Cómo? Que sus técnicos se lo digan y aunque es verdad que la Junta tiene pocas competencias en solventar la inflación no puede permanecer de brazos cruzados ante esta sangría de los alimentos. Lo mismo que las organizaciones agrarias piden ayudas a la Junta cuando vienen las cosas malas, ahora deben ser ellas las que abaraten los precios en origen para que el consumidor final no siga con la cartera y el estómago vacío.
En este aspecto, la presidenta Guardiola tiene que tirar de la sapiencia de la consejera Morán y arbitrar un paquete de medidas para aminorar el sufrimiento de una población que ahora más que nunca no llega a final de mes y es difícil ser receptivo a los mensajes de los políticos cuando la hambruna esta presente en medio de la conversación. Ejemplo: un kilo de sandía no puede costar 1,70 euros; un kilo de melón no puede costar 2,70 euros, precios, sin duda, desorbitados y fuera de toda lógica que no sea la meramente especulativa.
Comienza a andar el Gobierno Guardiola. Démosle los cien primeros días de rigor, pero sin caer en una complacencia que no nos caracteriza. Esperaremos, pero seremos críticos a las primeras de cambio, como nos exigen nuestros miles de lectores.












