María Guardiola está desaparecida y callada. Ella que era un verso suelto en la defensa de los derechos de los más vulnerables de la sociedad, está asistiendo silente a la polémica suscitada por el acogimiento por parte de la Junta que preside de 200 migrantes en el Albergue de Mérida, más otros 25 menores que llegarán de manera inminente, todos ellos procedentes de Canarias, Comunidad Autónoma que esta sufriendo una crisis migratoria sin precedentes, con la llegada en cayucos por mar y de manera irregular de cerca de 10.000 personas.
La presidenta de la Junta de Extremadura ha dejado que sea su consejera de Servicios Sociales la que dé la cara y muestre el apoyo total a los migrantes, dejando claro, eso sí, que la estancia de éstos en Mérida es temporal. Sin embargo, su socio de Gobierno, Vox, se niega a aceptar este acogimiento y asegura que está en contra del tráfico de carne humana, que es lo que hacen las mafias que trafican con estos migrantes, El secretario provincial del PSOE, Rafael Lemus, ha asegurado que llevará a la Fiscalía a Ángel Pelayo Gordillo Moreno, diputado autonómico, senador de Vox y presidente de este partido en Extremadura, por presuntos delitos de odio. La contestación de Gordillo Moreno ha sido instantánea: «Sus denuncias son nuestras medallas».
Hay que remontarse al 20 de junio pasado, cuando la hoy presidenta de la Junta de Extremadura era por entonces «futurible» y tras el fiasco de la aprobación en la Asamblea de Extremadura, que recayó en la socialista Blanca Martín, María Guardiola se armó de valor y dijo, con respecto a Vox, que es «un partido que no condena la violencia machista, que utiliza el trazo gordo, que demoniza a los inmigrantes y que pone una lona y tira a la basura la bandera LGTBI». Forzada por Madrid, repitió como un loro las palabras de Alberto Núñez Feijóo a un medio de comunicación nacional y afirmó que la suya había sido una reacción «visceral y poco racional».
Ahora, ante la ausencia de Guardiola, toman mayor realce las palabras de Ángel Pelayo Gordillo Moreno y la ironía que utiliza cuando asegura a los periodistas que, pese a la polémica desatada y a pesar de no estar de acuerdo con lo hecho con el Ayuntamiento de Mérida y la Consejería de Servicios Sociales con respecto a la acogida, de momento, de los 200 migrantes, esto no tiene por qué perjudicar al pacto de gobernabilidad entre Partido Popular y Vox y que no hay que cambiar nada en el Consejo de Gobierno.
En nuestra humilde opinión, demonizar a los migrantes y tratarles como carne humana es de una falta de humanidad y de solidaridad no concebible en el tiempo en el que nos encontramos, y no se puede apelar a la libertad de expresión para generar odio y resquemor en la sociedad. Puede que Vox dé a sus votantes lo que éstos esperan recibir con esos mensajes, pero su discurso es malicioso y muy peligroso. Los migrantes llevan cerca de una semana en Mérida y aún no ha habido ningún problema con la población, tal y como auguraban desde la formación verde.
Pero también pensamos que las denuncias en estos casos no llevan a ningún puerto por lo que nos parece más indicado que se sienten todos los actores involucrados en este conflicto y lleguen a una solución factible para la sociedad que les ha votado. Aquí no acudimos a las urnas para que nuestros políticos estén en los Juzgados, sino para que desde las distintas cámaras de representación solucionen nuestros problemas.
Porque, unos y otros, contribuyen al desasosiego de los extremeños, con independencia del partido al que hayan votado y los ciudadanos lo que queremos es vivir en paz, con migrantes o sin ellos.












