Tengo un amigo del Betis, Real Betis Balompié. Nunca inicia una conversación acerca de su afición, nunca reniega de su equipo del alma. “Del Betis se nace…”
Tengo otro del PSOE, Partido Socialista Obrero Español. Nunca inicia una conversación acerca de su forma de ver la vida, nunca reniega de su partido del alma. “Progresista se nace…”
En ambos casos: viven, sufren, disfrutan y sienten sus colores por encima de todo. Tan solo los del Betis saben de lo que hablo, tan solo los del PSOE también.
Cada dos domingos, una alegre procesión blanquiverde se dirige al este, por el Paseo de Las Palmeras, paralelo a su río Guadalquivir hacia el sevillano barrio de Heliópolis. La vuelta, según la jornada, unas veces se gana y otras se pierde. En tal caso, su lema y su grandeza: ¡Viva “er Beti manquepierda”!…
Cada elección política, tres cuartos de lo mismo. A las siete de la mañana en pie y hacia el colegio electoral a constituir las mesas y tras una larga jornada, plagada de anécdotas de todo tipo, a eso de las diez de la noche: la victoria o la derrota.
En ambos casos, mis amigos, son muy laboriosos y a la mañana siguiente se levantan temprano para proseguir con sus tareas. Nunca falta el “gracioso de turno” que, según los resultados, ahorma el chiste fácil. Ellos ya tuvieron bastante con la jornada festiva dominical e inician la semana trabajando.
Pues esto mismo pasa cada lunes, entendidos retóricamente, con cualquier acto relevante de la vida social, política o cultural. Los que de verdad sienten sus colores, hartos de alegrías y decepciones, con participar ya están satisfechos. Los demás se dedican cada lunes a otras cuestiones impropias de personas culturalmente plenas y emocionalmente sanas.
Los lunes son para trabajar o bien “los lunes al sol”, para los más por voluntad propia. Por ello los primeros días de cada semana son prolijos en noticias sorprendentes que colman la curiosidad de los numerosos ociosos.
Sigo dándole vueltas al asunto del ganador, mejor expresado: el “derrotado ganador”, de las recientes elecciones Autonómicas de Extremadura. Intento comprender sus prisas, tan tempranas y publicadas, por volver a las prácticas forenses y su posterior arrepentimiento telefónico, no encuentro explicación.
Empatizo y entiendo su decepción por lo poco que lo conozco, pero él ya sabía de antemano cual iba a ser el resultado. Lo sabía por las encuestas que manejaba, es más, lo sabía desde hace años. Todos los que en alguna ocasión han sido nombrados para un cargo político son advertidos, saben que es temporal y finito, tienen claro que un día más o menos lejano tocará “recoger los trastos” y volver a sus quehaceres profesionales.
Al menos así pasó con nuestro presidente invicto Juan Carlos Rodríguez Ibarra que, por motivos de salud, retornó a su plaza como profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Algunos hubieran preferido que se hubiera retirado cobrando la asignación que por Ley le correspondía, pero él renunció a la “paguita” y se puso a trabajar.
Más tarde y harto de críticas infundadas o maliciosas, desocupó el despacho donde institucionalmente atendía, a todo el que lo necesitaba, y siguió simultaneando su trabajo y la dedicación a los demás desde su casa de pueblo rayano.
A día de hoy sigue, desde Extremadura, defendiendo los intereses de nuestra región y de nuestra nación, igualmente de forma gratuita, en el Consejo Económico y Social de España.
Sin duda, Juan Ignacio Barrero Valverde, Carlos Javier Floriano Corrales, José Antonio Monago Terraza y ahora Guillermo Fernández Vara seguirán trabajando por el bien de Extremadura y de España, sin duda también de forma altruista. De Madrid al Cielo.
¡La hoguera de las vanidades!












