Humo. En esos momentos no sabíamos que en cuanto nos apartáramos de la fogata nos olería toda la ropa a humo. Daba igual. La noche era clara, se distinguían estrellas titilando, una luna limpia y casi llena y algún punto de luz algo más grueso que podría ser Venus o cualquier planeta lejano e insondable. Eso era lo de menos. El viento frío, imparable, había conseguido que casi todos se quedaran dentro de la casilla sentados junto a la chimenea, al calor de la conversación. Solo unos pocos, cinco o seis hombres, un par de mujeres, luego un chaval de catorce años nos había quedado fuera, junto a la hoguera, expuestos al frío de la noche y al hosco viento.
Hipnotizados, de espaldas al viento mirábamos cómo lenguas de fuego lamían los troncos y palos de madera seca. La conversación a veces intrascendente, a veces divertida, era lo de menos, solo veíamos a nuestros pies, con el viento traicionero que nos congelaba la espalda y las piernas, el fuego.
A veces alguien avivaba el fuego con un tronco no muy ancho o una brazada de ramas secas. Hechizados por el fuego que convertía la madera en brasas incandescentes ni nos mirábamos a los ojos, solo existía el fuego. Si removíamos la lumbre azuzados nuestros cuerpos por una ráfaga de viento helado, el humo danzaba en el aire hasta desaparecer y un puñado de ceniza y chispas como escupidas por un dragón pequeño, volaba haciendo piruetas hasta caer unos metros más allá de donde estábamos con nuestras latas de cerveza en la mano.
Alguna vez, alguien salía de la casilla con un plato con queso cortado en triángulos o con un puñado de pinchitos de cerdo asados a fuego lento. Comíamos un poco y dábamos un trago a la cerveza.
No queríamos que el tiempo pasara. El tiempo no existía para nosotros. La hoguera nos tenía apresados. Mejor no pensar en que al día siguiente sería un triste aniversario o que días atrás la vida cambió inesperadamente.
Mirar el fuego era lo único. El humo nos acompañaría más tarde pero eso no contaba. Esos momentos ante el fuego nos llenaban de paz. Sentíamos que nuestros ancestros estaban más cerca, que la vida era eso. La hoguera.












