Nos estamos quedando sin valores (honestidad, humildad, respeto, responsabilidad, solidaridad, ética…) y hemos abrazado al becerro de oro de la imagen y de la Rosalía, sin importarnos más que qué dirán los supuestos amigos que tenemos en Instagram. Es lo que le ha pasado a Fernando, que llevado por la emoción del momento (se encontraba en los sanfermines de Pamplona), comenzó a hacerse fotografías y a subirlas a esta red antisocial, dándose cuenta de que se había equivocado demasiado tarde. Cuando quiso borrarlas, ya había quien las capturó. Y así, en el pleno del miércoles, sus vergüenzas y sus canillas salieron a relucir.
Pero la equivocación de Fernando no está en irse a Pamplona a disfrutar de unos encierros y unas corridas de toros –que también manda cojones que en Plasencia no haya toros–, sino que se fue de extranjis demostrando una torpeza propia de un adolescente. Si él quería marcharse a Pamplona, tan sencillo como haber firmado un decreto de Alcaldía, haber puesto a Dóniga de alcalde en funciones, y después paz y luego gloria.
Pero no, él tenía que ausentarse de la ciudad de tapadillo para poder seguir manteniendo que en doce años no ha cogido ni quince días de vacaciones, como si los placentinos se lo fuesen a reprochar, porque él está por encima de lo divino y de lo humano.
De todos los valores que se citan al inicio de este editorial el que consideramos más importante es el de la humildad. Se necesita ser humilde para ser consecuente en la vida. Pero Fernando no ha sido humilde, más al contrario, ha sido un prepotente y un soberbio, además de un descerebrado, que no midiendo las consecuencias de sus actos, ha dejado a Plasencia sin timonel y no vale decir que fueron solo unos días o que no ocurrió nada. ¿Y si llega a suceder? Lo dicho, un descerebrado.
Ahora solo falta que Fernando aprenda de sus errores, haga examen de conciencia y comience a ser más humilde. Aquí no vale la manida frase de José Luis de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Estamos a la vuelta de unas elecciones y no sería malo que los ciudadanos tuviesen en cuenta este pasaje a la hora de depositar el voto, porque es con estas pequeñas cosas cómo se forja un energúmeno, por no citar las consabidas sugerencias de Fernando a empresarios placentinos para que echen o coloquen a distintas personas en sus puestos de trabajo pues eso se llama prevaricar.
Nos vamos encontrando, poco a poco, a un Fernando que si bien puede hacer lo que desee con su vida privada no debe hacerlo con su vida pública y menos intentar buscar refugio en amigos de amigos para tratar que la verdad no se sepa y así continuar con su reino de desconcierto y de mayoría absoluta corrupta absolutamente.
Fernando ha cometido un error grave, enjuiciable pero perdonable, siempre que él sea humilde y pida perdón a los ciudadanos. Ahora bien, si prefiere continuar estancado en su sillón y matando moscas con el bastón de mando, que no nos pida vaselina porque, ahora que es tiempo, sólo le vamos a regalar un higo chumbo.













Un verdadero y real retrato de este Alcalde-sacristán que tanto cacarea y repite humildad pero que no practica. Solo es de boquilla.Es hora de que la ciudadanía lo vaya conociendo y lo baje de su pedestal soberbio. Ahora que se ha mudado al casoplon podrá reconsiderar su comportamiento desde su terraza mirando al Rio Jerte.