Antonio Scurati es profesor universitario, ensayista y escritor.
La historia se repite en forma de farsa. Un fantasma recorre Europa y una ola de populismo recorre el mundo. Cuando fracasa la democracia liberal, sus propias élites azuzan los monstruos de los falsos profetas: Trump, Putin, Bolsonaro, Le Pen, Orbán, Meloni… El “innombrable” Mussolini, pertenece a esa saga de nombres que pudo haberse ahorrado la historia, pero que como una maldición entendemos que son inevitables para que el ser humano vuelva a reaprender que hay caminos por donde no hay que transitar. Al parecer, nadie escarmienta en cabeza ajena.
Recomiendo la lectura de la trilogía de Antonio Scurati sobre el surgimiento del fascismo italiano. Buena literatura e historia en estado puro. Un ensayo con ritmo trepidante. En “M. El hijo del siglo”, su primer libro, se visualiza la Italia prefascista; desde el poder de los sindicatos en Emilia Romana en un momento prerevolucionario hasta la llegada de los “camisas negras” y la marcha sobre Roma en 1922, cumpliéndose ahora un siglo.
Scurati te va introduciendo en una sociedad convulsa por los efectos de la I Guerra Mundial, la conflictividad social, el paro y la frustración nacional que sirve de justificación para que una gran parte de Italia termine siendo incondicional a los delirios de un lunático. Inconmensurable es la descripción fotográfica de la toma de Fiume por D´Annuzio y trepidante su final con el secuestro y asesinato del secretario del partido socialista, G. Matteotti. Con seguridad, en determinados pasajes, tienes la sensación de estar visualizando la inigualable película de Bertolucci, “Novecento”.
El “innombrable”, maestro de escuela e hijo de un herrero, tras pasar por su etapa socialista; siendo director del periódico del PSI, “Avanti”, pronto supo que el tiempo corría a su favor. Solo tenía que esperar, amasando lentamente la emoción del miedo y la frustración. Todos los populistas utilizan la misma fórmula interpretando el grado de decepción generalizada. Era la luna que le guiaba. Solo tenía que esperar, mientras utilizaba y manipulaba a un escuadrón de poetas y artistas como D´Annuncio o Marinetti, que glorificaban la Roma perdida. Así, no tardó en dirigir el periódico “Il Popolo d´Italia” , abriendo la caja de caudales de los grandes empresarios como Pirelli, Fiat o Edison y nutriéndose de una tropa de desesperados, aliñada con la histeria colectiva y las falsas épicas para poder, finalmente, escribir su libro populista basado en la inconsistencia. Y ahora, con Trump, Orbán, Ayuso o Meloni, entendemos cómo “la historia se repite” .
En su segundo libro: “El Hombre de la Providencia”, refleja el periodo de consolidación del fascismo italiano; desde 1925 hasta 1932. Un tiempo para la concentración del poder desde su actitud teatral y cesarista. Desnaturalización del parlamento, cierre de periódicos, ilegalización de partidos políticos y sindicatos, control policial de la vida italiana y exploración colonizadora con gas mostaza en África. En su secuenciación lineal, Scurati avanza en la evolución de la psicología del “innombrable” de forma exquisitamente documentada, expresando con maestría la síntesis de un hombre que creyó y que hizo creer que Italia era él.
Su tercer libro ya está en imprenta y se plantea un cuarto libro dedicado a la esperpéntica y grotesca República de Saló, al servicio del Führer. La saga, tristemente, podría continuar con la fascista de Meloni en alianza con un racista como Salvini y un violador como Berlusconi, por mucho que los medios pretendan blanquearlos.
La invasión de los bárbaros no es irremediable. Alguna enseñanza podemos sacar de esta perversa deriva. Estos invasores con un cuarenta y cuatro por ciento de votos se han quedado con el sesenta por ciento de los escaños, mientras una oposición a ellos, muy fragmentada, ha obtenido un cuarenta por ciento de escaños con un cuarenta y nueve por ciento de votos. La división de la izquierda en Andalucía y la abstención fue otro aviso. Para seguir transformando la sociedad, la izquierda debe unirse y aliarse. ¡Alto a los bárbaros!













De nuevo dando la razón a Bertolt Brecht: … Y cuando vinieron a por mí ….
No aprendemos y seguimos peleandonos entre nosotros
Toca unidad de la izquierda, dentro de su diversidad. Y toca no abstenerse. Salud.