Hoy que puedo, tengo amontonados en la mesa de mi escritorio un buen puñado de libros. Me gustaría leerlo todo y escribir sobre ello. Y ya está. Pero me acordé del galés Robert Owen (1771-1858), del que leí el otro día que procrastinar -dejar las cosas para otro día- es síntoma de depresión, de que este mes cumplo 59 años, de que no tengo tiempo que perder y me puse a escribir y leer sin pensar.
Al inicio de la novela “Las tempestálidas” de Gospodínov se dice que un tal James Ussher (1581-1656) irlandés, arzobispo de Armagh, dijo que la Tierra se creó el sábado 22 de octubre del año 4004 a. C. a las seis de la tarde.
He leído unas cincuenta páginas de esa novela, pero tiene buena pinta. Transcurre en 1990 y uno de los personajes se cree que está en 1939, al borde de la Segunda Guerra Mundial. Trata del paso y del sentido del tiempo y de la gestión del mismo que es lo que me llevó a Robert Owen.
Otro libro de los que tengo delante es de un señor de Irún, Fernando Conde Torrens (1945), ingeniero industrial, profesor universitario y estudioso de la Historia de las ideas. Es un tocho de casi mil páginas. Cuenta que el Emperador Constantino reunió en el año 303 a un pequeño equipo redactor y les encargó que escribieran los cuatro Evangelios. Dice que para escribir el libro aprendió a leer y traducir latín, griego koiné y hebreo bíblico. El libro se titula “Año 303. Inventan el cristianismo”. Se nota que sabe aprovechar el tiempo en lo que le gusta.
El filósofo francés Michel Onfray (1959) ha escrito cerca de cien libros. Aunque esté todo el día enfrascado en lo suyo, le da tiempo de ser materialista, hedonista, ético y ateo, eso dice. El libro que tengo delante -sin leer- se titula “Tratado de ateología”. Entre otras cosas dice que lo más seguro es que el ateísmo nació en el alma del primer creyente. Qué profundo. En cuanto tenga un poco de tiempo me pondré a leerlo. Le haré caso al galés Robert Owen y su teoría de los tres ochos.
Otros libros que abarrotan mi mesa son el de Silvia Grijalba (de Madrid, pero vive en México), “Dios salve a la Movida”, con un divertidísimo epílogo de Patricia Godes (de Madrid) que terminé de leer ayer.
También “Apocalípticos e integrados” del italiano Umberto Eco, ya se sabe, o somos apocalípticos o integrados al Sistema (capitalista).
“Necesito saber hoy de tu vida” de la ecuatoriana Sabrina Duque, “Paren las rotativas” de Pascual Serrano.
“La mirada lúcida” de Albert Lladó.
“El enemigo conoce el Sistema” de marta Peirano.
“Des-Memorias de una revista satírica (El Jueves)” de JL Martín.
Y también varios que voy leyendo poco a poco:
Unas “Conversaciones” de Cioran (rumano), uno de sonetos de Félix Maraña otro sobre la revista Ozono (1975-1979), otro sobre «Escribir ficción» de Gotham Writers´Workshop (de EEUU), buenísimo, además del de Piketty (francés) sobre las desigualdades a lo largo de la Historia.
Y acabo. Robert Owen en 1817, empezó a hacer campaña para conseguir una jornada laboral de 8 horas, teniendo así tiempo para dividir el día en 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de recreo.
Hace más de doscientos años, Robert Owen, del que dicen que fundó el socialismo inglés, basado más en la fraternidad y el cooperativismo que en la lucha de clases, dijo que trabajar más de ocho años era malo para la salud física y mental de las personas y que lo que teníamos que hacer es lo que nos gustara.
Hasta aquí quería llegar, ¿Sabemos lo que nos gusta? ¿sabemos gestionar nuestro tiempo?
Fin.












