Puse ayer en Facebook dos fotos. En la primera, en un paisaje idílico (que a lo mejor estaba lleno de mosquitos, gente dando voces y olía a mofeta). aparecemos MJ, C, yo y un señor de Cádiz que pasaba por allí En la otra salimos los mismos protagonistas menos el de Cádiz. Parece que lo hemos borrado utilizando Photoshop.
Las fotos recibieron nueve Me gusta, cinco Me encanta, cuatro Me divierte y ocho comentarios.
Un amigo de verdad (no solo de Facebook) puso un comentario y añadió dos fotos casi idénticas y escribió:
“(lo tuyo) me recuerda al Photoshop que hacía Stalin cuando se cepillaba a un colaborador y este desaparecía del “afoto”. Espero que el señor de Cai no haya sido purgado por enemigo del pueblo, agente del imperialismo británico, etc”
Le contesté diciendo:
”Lo de Stalin no fue Photoshop, fue codazo dentro del área, penalti y hombre al agua.”.
Iba a ampliar el texto diciendo: “Hay muchos casos más. En una foto en la que Franco pasea con Hitler, primero oscurecen a los militares que iban detrás para que no les quitaran protagonismo y luego, agrandan tanto a Franco que casi parece más alto que Hitler. En otra foto de Hitler, «desaparecen» a Goebbels porque ya no interesaba. En otra, en la que estaban Brézhnev y Brandt rodeados de botellas de lo que parece güisqui, las quitaron, para que pareciera que el presidente del PECUS (Partido Comunista) soviético y el canciller alemán eran de Alrex (Alcohólicos Rehabilitados de Extremadura). En una divertida y grandilocuente fotografía, aparece Mussolini montado en un caballo, así a lo loco melena y espada al viento con pinta de estar en mitad de una batalla. En la foto sin trucar aparece una señora agarrando las riendas del pacífico y sumiso caballo que lleva en su lomo a tal preclaro salvador de la patria italiana.
Y no cuento los miles de casos de Photoshop del «Hola, el Díez Minutos, el Semana, el Pronto, el Cuore y demás revistas del corazón.”
En esta sociedad actual no solo han cambiado la filosofía de vida, los valores y lo que se considera ético y moral con respecto a lo que era básico el siglo pasado.
Y luego está lo que escribieron en la Biblia sobre la parábola de los fariseos y los sepulcros blanqueados.
En pleno siglo XXI llevado al extremo, parece que en esta vida lo único que tiene razón de ser es la imagen. Y cada vez somos más superficiales y fariseos.
Se sabe que las “cualidades” más crueles de los españoles son la envidia y la hipocresía y que el Lazarillo de Tormes era un pardillo al lado de cualquier mindundi de ahora que se precie.
Todo ello se ha agudizado -se me ocurre- con el manejo que se hace de las imágenes. Es como si la vida que llevamos fuera mentira, como si alguien pensara por nosotros.
Y entre medio de este entramado: la imagen que damos ante los demás. El ejemplo más claro y más cercano que tengo es Facebook: todo el mundo (es un decir) pone sus mejores fotos. O las que creen son sus mejores fotos. Y dan una imagen distorsionada de la realidad.
Me acuerdo que hace siete u ocho años, cuando el auge de Facebook, unos amigos virtuales hicimos una quedada. La mayoría solo nos conocíamos por imágenes. El día que quedamos para comer no reconocí a casi nadie. Éramos otras personas. Luego ya, cervezas mediante, fue mucho mejor que por la red social. Y a lo mejor quién me caía bien en Facebook, durante la comida me pareció superficial, banal, normal o cualquier palabra terminada en al. O congenié con quien en sus fotos y retratos de Facebook no me decía nada. En definitiva, las apariencias engañan y siempre han engañado, pero en este siglo XXI, más.












