Facebook me dice que hace diez años tenía la intención de leer estos 12 libros. Tres de ellos no los leí, ni el de Antonio di Benedetto, ni el de Don DeLillo ni el de Bruce Chatwin.
Me gustan los doce autores. Todos son hombres. Otra vez hombres. Otra vez me llevaré el abucheo y la bronca, cosas del sesgo de confirmación, creo.
Puede ser que hace diez años editaran más libros escritos por hombres o que yo comprara y leyera más libros de hombres sin saber si la temática era machista o no (por ejemplo), que creo que en estos casos no.
Curiosamente estoy en una etapa en la que, sin proponérmelo, leo más libros escritos por mujeres: Marysé Condé, Alice Munro, Ursula K. Leguin, Margaret Atwook y hasta de Naomi Klein. En cuanto acabe «El ancho mar de los Sargazos» de Jean Rhys que tengo ahora entre manos, me pondré con «Jane Eyre» de Charlote Brönte que tiene cierta relación con el anterior y luego con «Las olas» de Virginia Woolf.
Leo tantos libros -no solo novelas- que no me da casi tiempo de razonar por qué o para qué los leo o si están escritos, traducidos, corregidos, editados, distribuidos o vendidos por mujeres o por hombres. Queda dicho.
Hace diez años escribí:
No lo puedo remediar. Me gustan las fotos en las que aparecen libros. Cuando me preguntan que por qué no leo bestsellers de esos que ponen de moda para sacarnos dinero con grandes campañas publicitarias (tengo por norma no leer libros ni ver películas que «venden» en los telediarios. Cuánto más sale en los medios de comunicación «oficiales» peor es el libro o la película), solo puedo contestar con esta fotografía.
En ella aparecen libros de cuentos, alguno de poesía, novelas imprescindibles, incluso el mejor libro para aprender a escribir que conozco o un par de libros de viajes. No quiero leer cosas prescindibles y que solo aportan un poco de entretenimiento teniendo auténticas joyas que me hacen pensar y con ello, mejor persona. Eso sí, esta es una opinión como otra cualquiera. Ni mejor ni peor, solo mi opinión.












