¡No salgo de mi asombro! Y no quiero decir nombres ni montar bulos. Los bulos, aparte de mentiras manipuladas para hacer daño son injustos. Lo digo por si lo que escribo son o pueden ser bulos. La cuestión es que me he enterado de lo que gana (no tengo ni idea de si en bruto o en neto) cada año desde hace unos cuantos años, un afamado periodista: trescientos mil euros más coche y chófer. El presidente del Gobierno actual (imagino que los anteriores también cobrarían una cantidad parecida) 86.542,08 euros anuales (tampoco sé si bruto o neto). Lo pongo por si a alguien le da por comparar.
Casi trescientos mil euros al año son casi veinticinco mil al mes, unos ochocientos euros por columna diaria en su periódico, o en el periódico que le pagaba, porque creo que se le ha acabado el contrato. Si este señor columnista ganaba tanto dinero ¿Cuánto ganarán los que le pagan esas cantidades?
Me he pasado la vida leyendo a columnistas de toda laya y condición. A ojo, así sin pensarlo mucho, me acuerdo de Manuel Alcántara y Francisco Umbral. Leila Guerriero, Martín Caparrós, Manuel Vázquez Montalbán, Maruja Torres, Alonso de la Torre, Javier Ortiz, Josep Vicent Marqués. Y también de Carlos Taibo, Gregorio Moran, Enric González, Manuel Vicent, Pascual Serrano o Víctor Moreno o a los de Jot Down.
Alguna vez, ahora que me acuerdo, también he leído a Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte, Arcadi Espada, Ignacio Camacho o a Juan Manuel de Prada. No hace falta decir que no tengo ni idea de lo que pueden cobrar por sus columnas de opinión.
Leo a todos los que puedo y más. Y casi de cualquier ideología política o económica.
A lo que iba y que es el motivo por el que estoy poniendo esto. Escribo una especie de columna de opinión en un diario local digital. Nadie me obliga a ello (bueno, un poco la amistad) y por supuesto, ni que decir tiene, nadie me paga nada. Lo único que me dijeron el primer día es que escribiera de lo que me de la gana y con total y absoluta libertad. Y que fueran columnas de unas seiscientas palabras aproximadamente. ¿Qué más puede pedir un incipiente, curioso y otoñal aprendiz de escritor?.
Todas las mañanas, sin horarios ni cortapisas, escribo lo primero que se me ocurre. Un lujo a mi alcance. Y mi amigo, el director del periódico (que comprueba, edita y corrige gramaticalmente el texto), me dice que actualmente, después de seis o siete meses de columna diaria, me leen unas 650 personas al días. Cifra que solo me genera agradecimiento y alegría.
Y termino. He buscado en internet algunas columnas del escritor que cobra cerca de trescientos mil euros al años por escribir. Lo conocía por haber leído algunos libros suyos que pretendían ser de humor y que a mí me parecieron algo ñoños.
Lo que cuenta en lo que he leído está tan inclinado a la línea editorial de quién le paga que si uno se lo toma con humor (humor negro) le puede sacar jugo al asunto. O aburrirse por lo reiterativo.
En fin, a veces, para recuperarme de tanto pensamiento esquinado como sueltan bastantes delos medios de comunicación actuales (no todos, claro), vuelvo a Julio Camba, Clarín, González Ruano, Pla, Mariano José de Larra o a Gay Talese, Paul Krugman, Tom Wolfe, Peter Handke o a Christopher Hitchens para no perderme en el mar turbulento de lo ya sabido (sean o no bulos), por decirlo finamente.
Nota al margen: le voy a pedir al director del Diario de Mérida que si no me quiere pagar trescientos mil euros al año, que al menos tenga el detalle de ponerme coche y chófer.












