Hace años, en uno de esos viajes relámpagos que realizamos a Madrid, recalamos en un hotel de la calle Los Libreros, una de las bocacalles de Gran Vía, casi paralela a la San Bernardo.
Alguien nos comentó que en esa misma calle vivían Mario Vaquerizo y su esposa, Olvido Gara, más conocida como Alaska. Lo habían contado ellos mismos en un programa de MTV de gran éxito titulado “Mario y Alaska” -2011, 5 temporadas, 32 capítulos-.
Desde nuestra habitación del hotel se veía un piso del que sobresalía un flamenco de plástico de color rosa. En el portal se podían leer declaraciones de amor y pintadas escritas a lápiz o bolígrafo.
Imagino cómo tendría que ser la vida de los vecinos de los famosos Mario y Alaska, con tanta gente llamando al telefonillo a cualquier hora, llamando a voces o esperando horas para verlos.
Creo que ahora ya no viven allí, que le compraron el chalet a un famoso y se largaron. Tampoco son datos de mucho interés.
Al hilo del programa de televisión ese, se me ocurrió escribir de los dos personajes y hacer una especie de estudio sociológico sobre lo que representan y cómo es para mí esa realidad inventada en relación con mi cotidianeidad.
Para ello me pertreché de varios libros, uno de ellos, más serio titulado “Alaska y otras historias de la movida” de Rafa Cervera, los tres de la fotografía, escritos por Mario Vaquerizo -periodista, chouman, relaciones públicas y que parece ser, sale mucho en televisión- y como quería escribir algo más o menos serio, “Superficiales” de Nicholas Carr.
En “Haciendo majaradas, diciendo tonterías”, de 2012 Mario Vaquerizo, de manera desapasionada o despropositada, palabra que emplea a menudo, cuenta que un día compró dos cazadoras de cuero que le costaron en total más de veinte mil euros.
También que uno de los días más felices de su vida fue cuando su esposa le regaló un fin de semana en la suite Coco Chanel del Ritz de París. En internet dicen que esa habitación cuesta dieciocho mil euros la noche, dos noches, treinta y seis mil. Comparé a ojo esa cifra con lo que yo gano al año y me dije que sí, que tenía que escribir de estas cosas. Que cada cual compare su nómina -quién tenga- con eso.
Raymond Carr en su libro habla de que cada vez es más difícil poner en orden el maremágnum de datos que nos llegan por doquier. Así es imposible enfrentarse a la realidad. Y si tenemos que inventarla para que sea lo menos dañina o lesiva posible lo hacemos. O nos la inventan como si fuera sea una ilusión. O mentira.
Y todo parece irreal. Y nos da igual. Mario Vaquerizo dice o decía en 2012, año de publicación del libro, que la mejor política de España, es Esperanza Aguirre. Uno luego quiere encontrar enjundiosos argumentos que corroboren tal aseveración, que para eso lee. Y nada. Encuentra todo vacío.
También que le gustaban mucho Mecano y que tiene dos dioses, Fabio MacNamara y sobre todo, Andy Warhol. Y ya.
Escribir sobre el personaje Mario Vaquerizo, hace que ponga el foco en él, como si me importara algo una vida que no tiene absolutamente nada que ver con mi día a día, ni con el del 99,9 % de las personas que conozco.
No tengo ni idea de si alguien aspira a ser como ese personaje o si sirve de algo escribir de esto.
Acabo. parezco “superficial y despropositado”. Me contagié de las majaradas y tonterías como las que cuenta -por dinero- Mario Vaquerizo en su libro.
En la calle Los Libreros de Madrid, muy bien, qué pena que solo quedan dos o tres librerías abiertas de las doce o trece que hubo en su momento.
Fin.












