Marco marchó desde el norte de Italia a Argentina en busca de su madre que se había ido a trabajar allí. Y se fue sin dinero ni ná de ná, acompañado tan solo por el mono Amedio.
Cuando Marco monta en el barco tiene ocho o nueve años, pero en la novela tenía trece, lo leí el libro en el en el que sale historia, “Corazón” de Edmundo de Amicis, que se publicó 1886, seis años después que “Heidi”.
El libro está contado como un Diario. Es la historia de un tal Enrique y la de Marco (Marcos en la novela) es uno de los cuentos mensuales que se van intercalando en la novela y que se titula “De los Apeninos a los Andes”, se cuenta entre las páginas 147 y 170 y corresponde al mes de Mayo.
El autor habla de la emigración italiana a América de aquellos años, exalta las virtudes de heroísmo, obediencia, sacrificio y suficiencia de ser genovés. El libro es una apología de la superioridad de la raza italiana y eso que de Amicis pertenecía al Partido Socialista Italiano, casi de extrema izquierda aquellos años.
Marco en vez del mono Amedio -que no Amelio- que llevaba al hombro como se ve en los dibujos animados -de 1977-, cargaba con un baulito.
También sabemos que Marco, nuestro amigo Marco (¿Quién le habrá dicho que era mi amigo?) vivía en un puerto italiano al pie de la montaña, en una humilde morada. Se levantaba muy temprano para ayudar a su buena mamá. Pero un día la tristeza llegó hasta su corazón…luego ocurre aquello del “no te vayas mamá, no te vayas mamá, adiós mamá, no te alejes de mí, pensaré mucho en ti” y esas cosas.
Por cierto, la letra es de un tal Alfredo Garrido García y la música, que tanto en Marco como en Heidi era de la que hacía llorar y emocionarse, de José Torregrosa Alcaraz.
Todo empieza aquí:
“Hace muchos años, un muchacho genovés, de trece años, hijo de un obrero, fue de Génova a América, solo, para buscar a su madre. Su madre había ido, dos años antes, a Buenos Aires, capital de la República Argentina, para ponerse al servicio de una casa rica y ganar así, en poco tiempo, algo con que levantar a la familia, la cual, por efecto de varias desgracias, había caído en la pobreza y tenía muchas deudas…”
Marco era un personaje entusiasta y tal como “Heidi”, un anime japonés. Tenía un hermano de dieciocho años que no recuerdo mucho. A mí me extrañó que ni su padre ni su hermano se fueran a Argentina en vez de la madre.
Transcurrido un año desde la marcha de la madre, que escribía regularmente una carta y cada tres meses enviaba dinero a Italia, después de una breve misiva en la que decía que no estaba bien de salud, no mandó más.
Es cuando Marco decidió largarse a buscarla, así, sin anestesia (ni ná). Imagino a mi hija con once años diciéndome que se va a ir a la estación de Renfe a comprar un billete que la lleve a Lisboa y luego allí comprar un pasaje para ir en barco a Buenos Aires y yo qué sé, lo mismo hasta le digo que no, que otro día.
En el cuento se dice que como trabajaban tanto el padre como su hermano mayor, el hijo decidió irse ¿Y las clases? ¿Cómo se justificaban las faltas? ¿Repitió curso Marco? Ni en el cuento ni en los dibujos animados lo dicen.
A sus once años discurría tal que así: “Otros han ido –decía-, más pequeños que yo. Una vez que esté en el barco, llegaré allí como los demás. Llegado allí, no tengo más que buscar la casa del tío. Como hay allá tantos italianos, algunos me enseñarán la calle. Encontrando al tío, encuentro a mi madre, y si no la encuentro buscaré al cónsul y a la familia argentina. Cualquier cosa que ocurriese, hay allí trabajo para todos”.
Qué emocionante, tampoco quiero destrozar los recuerdos de infancia. Eso sí, hay que ser orgullosos como Marco que era genovés -de once años, pero genovés-:
“Bien –dijo para sí-, también yo daré la vuelta al mundo. Viajaré años y años, andaré a pie centenares de leguas, seguiré adelante hasta que encuentre a mi madre. Llegaré, aunque sea moribundo, para caer muerto a sus pies. ¡Con tal que vuelva a verla una sola vez”
Como todo el mundo sabe el lacrimógeno final -parecido en el cuento y los dibujos-, me lo ahorro y me despido con una especie de tonada que no se me va de la cabeza… no te vayas Mamá, no te alejes de mi, adiós Mamá, pensaré mucho en ti, no te olvides Mamá que aquí tienes tu hogar. Si no vuelves pronto iré a buscarte donde este no me importa donde vayas te encontraréeee.












