No es lo que parece. Mi Maserati es de segunda mano. Que en mi piso cuelgue una bandera de España debería ser suficiente para ser reconocida mi transparencia y mis valores para convertirlo todo en una oportunidad de negocio. Lo más lógico para un emprendedor es comprar un piso o dos, con hipoteca. Mira que confundir una paralela con una denuncia fiscal… Como si los autónomos no estuviéramos cansados de pasar por ese incordio de revisiones de Hacienda.
A este paso tendré que pagar en tiempo y forma las multas de mi Lamborghini por aparcar en zonas prohibidas. ¿Dónde coño está la libertad? Compré un piso o dos porque mi novia vivía de alquiler. El alzamiento de bienes que realizó su padre cediéndole un piso no significa que sea propietaria de ese bien.
Este país se va al carajo y a la clase media “harta” de España la quieren desaparecida. Qué tendrá que ver que su anterior novio fuese comisionista, al que no ha vuelto a encontrarse por Madrid, o que su propio hermano, también comisionista, me presentara a Isa… Al parecer, la confluencia de los astros sólo tiene sentido para los astrólogos.
¿Acaso ser asesor de la marca Quirón no es razón suficiente para tener unos buenos ingresos? Que en los dos últimos años esta empresa haya pasado de facturar veinte millones de euros a cuatrocientos sólo se debe a la apuesta decidida de Ayuso por la sanidad. Lo que pasa es que está mal visto que un técnico sanitario tenga un golpe de suerte o dos y a cualquier cosa le llaman “pelotazo”. ¿Acaso no tuve mala suerte con la venta de vacunas en África…?
Un emprendedor es cualquier persona con una impresora y su talento. Ahora lo llaman ingeniería financiera, paraísos fiscales y testaferros, solo para descalificar a aquellos que generamos riqueza. ¡Cuánta ignominia! Como si el Rey Emérito no lo hubiera mostrado con suficiencia. O la Infanta Cristina y Urdangarín. Lo único que hacemos es, por la vía de los hechos, no pagar impuestos como procuró en su momento el exministro Montoro o el gobierno de mi presidenta en la Comunidad de Madrid.
De todos es sabido que el dinero en nuestros bolsillos es más productivo y dinamizador para la economía. Con esta sorprendente realidad se demuestra que la justicia no es igual para todos. ¿Dónde están las segundas oportunidades como las hubo con la familia Botín, en su momento? Todo, para que sigan diciendo que ahora hay más libertad que en la transición. Hacienda te vigila, la fiscalía te denuncia y la oposición te acribilla sólo para poner en marcha el ventilador.
Como decía Aznar: ¿Pero me van a decir a mí las copas de vino que me he de tomar…? Los veintisiete millones de euros que invierte el gobierno de Isabel en publicidad, propaganda institucional y sobres para muchos periodistas no han impedido que se arme una bien gorda. Se creerán que este bombazo mediático le interesa al gobierno liberticida de Perro Xánchez, pero a quién más conviene es al triste de Feijóo, que estará frotándose las manos con este correveidile contra mi santa; una persona austera a la que solo le gusta la fruta y en especial el “mango”.
Parece que todo se tambalea. La profecía de Miguel Angel Rodriguez cuando decía: «El hospital Zendal siempre será más útil que el Ministerio de Igualdad» me indujo al espejismo de emprender con mercancía sanitaria. No me extraña que el bueno de MAR quiera triturarlo todo y que quiera cerrar a esos plumillas de la verdad. Y es que no es lo que parece; tan solo ha sido un fallo de cálculo, por el que todos los resortes del Estado se han enfrentado a mi Santa Virgen.
Isabel decía que ella estaba en el lado bueno de la historia. No crean que se refería a aquellos que se sienten inmunes a las fechorías. De golpe me veo acusado de falsificación de documentos y de fraude fiscal. Todo esto es una prueba más de la falta de libertad y de la exaltación de uno de los siete pecados capitales que sufre España: La envidia. Menos mal que Madrid es muy grande y que Isabel, de la misma forma que no ha vuelto a encontrarse con su antiguo novio, intuyo que no tendrá que encontrarse conmigo por la buena marcha del negocio.












