Es la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible una entidad con vida propia, recinto autónomo e independiente u organismo vivo per se, un ecosistema único y especial que goza incluso de un microclima que atempera y moldea las actitudes al tiempo que confiere una singular visión de la realidad extremeña.
Su ubicación, en el alto de uno de los cerros que delimitan la capital en la actualidad, en lo que era el olivar propiedad del terrateniente emeritense don Federico (eres guapo y eres rico, ¿qué más quieres, Federico?), ayuda a los vientos predominantes en su determinación en afectar el alma o cuando menos el ánimo de los que allí trabajan.
Funcionarios unos, empleados públicos todos, que disfrutan y se contagian de la arquitectura propia de las reformadas instalaciones de la monopolística y franquista “Tabacalera, S. A.” de la España de posguerra, parte fundamental del proyecto agroindustrial y dictatorial del “Plan Badajoz”, que tantas expectativas originó en plena diáspora extremeña.
Los colores que se escogieron, para que luciera en la cima del actual polígono Carrión emeritense, sirven de pátina perfecta y relajante a la febril actividad mental que se desempeña en sus despachos cada día, tonos crema pastel, con el único atrevimiento del verde en puertas y ventanas a modo de guiño u homenaje por su agrícola misión.
Al igual que ocurre en el programa televisivo “Gran Hermano”, líder en horario de máxima audiencia, todo lo que allí ocurre se magnifica y adquiere una dimensión inusitada por las consecuencias que cualquier decisión, por efecto dominó, influye en el resto de la ciudadanía de nuestra Comunidad Autónoma, sociedad eminentemente agropecuaria desde el punto de vista económico.

Nos consta que la actual inquilina de la planta noble, ha apremiado y dado las órdenes oportunas a los funcionarios para que las tan necesarias ayudas y subvenciones lleguen a la inmensa mayoría de los agricultores y ganaderos tan necesitados de recibir este avituallamiento, máxime en esta concatenación de excepcionalidades tan ruinosa para el agro.
Pues ni unas ni otras, ni ayudas ni subvenciones, ni se recibieron en septiembre ni se recibirán en los primeros días de octubre, tal y como anunció la consejera, ni ayudas aprobadas por el Gobierno mediante el Real Decreto Ley 4/2023 de 11 de mayo, ni subvenciones para todos los profesionales extremeños a pesar de haberlas anunciado a bombo y platillo.
Lo que nadie podía esperar es que los traspiés del director general de la PAC, en sus idas y venidas hasta el Servicio de Ayudas Sectoriales, no sólo fueran en las escaleras que separan, más que unen, su despacho desde el patio de la planta baja con la planta superior, donde en medio del caos total, una vez asolado el emirato y el califato por causas políticas, hay “reinas del Yate” batallando por su supuesto prestigio en el apogeo del nuevo orden en estos coetáneos reinos de taifas.
Intuyendo su desconocimiento, informamos a la consejera Mercedes Morán Álvarez que buena parte de las solicitudes de la PAC que, el próximo día dieciséis de octubre, deberían ser beneficiarias del perentorio adelanto de la tan ansiada subvención, van a ser retenidas con pretextos añejos y reiterativos, contraviniendo sus órdenes y las de su emisario que, a fuerza de subir y bajar escaleras, luce unos glúteos marmóreos dignos de envidia y admiración.
Esto se conoce como resistencia pasiva, parálisis por análisis o hipocresía burocrática por oposición y conduce a lo que ya se ha instaurado como una auténtica dictadura, no la del Plan Badajoz, no, sino la que hemos dado en denominar como: “La dictadura del funcionariado”.












