Llevo mucho tiempo analizando el tema y por más que lo intento no encuentro la razón, ética ni lógica. A la de usos y costumbres me refiero, que la jurídica que enarbola la prioridad de unos derechos sobre otros sí que la conozco. Parto de la base de que efectivamente y tal y como recoge nuestra Carta Magna, cimiento y génesis de nuestro marco de convivencia, en su artículo 47: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.”
Queda claro el derecho a disfrutar y nada dice de la obligación de aportar. Ya será razón que muchos de estos disfrutones (por su gran capacidad de disfrutar y no por el que producen) aporten algo a lo común. Algunos hay que van a jubilarse sin haber dado un palo al agua y una vez exprimido al máximo el salario mínimo vital y con la pensión no contributiva.
Punto y seguido, continúa: “Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.”
Fija la obligación, que no opción, en los poderes públicos y no en los particulares, hablando además del suelo y el interés general que no el particular de una serie de zánganos, que amparándose en el resto de la colmena se dedican a perpetuar la especie. En ningún caso se refiere el texto jurídico a los pisos ya construidos.
Impecable el espíritu y el afán de los “Siete Magníficos”, que bastante hicieron para la que se les vino encima, en cuanto al fondo y a la forma. Además, entiendo que doctores y catedráticos habrá que hayan estudiado, ordenado y priorizado los Derechos Fundamentales de la Constitución española. Ahora bien, el transcurrir de los acontecimientos nos ha demostrado que, seguimos siendo un pueblo donde a día de hoy, todavía abundan los pícaros,vagos y caraduras.
¡Ya!, ¡ya!, les ruego que no se me alteren. También es cierto que especificaron de forma sólida y explícita el derecho y soslayaron la obligación. Es aquí donde empieza la desazón que desde hace una semana me perturba. Y que a continuación les expongo: ¿Dónde está hoy durmiendo la señora gestante de veintidós años que fue desocupada por el escrache de los indignados vecinos de Badajoz? ¿La han acogido los servicios sociales de
nuestra Comunidad Autónoma por laica necesidad o los de la subvencionada “Cáritas” por católica caridad? ¿Dónde trabaja? Y su pareja de veinticinco años y seguramente padre del futuro bebé. ¿Dónde duerme? ¿Dónde trabaja? ¡Pobrecitos!
¡Ya!, ¡ya!, les suplico que no se me alteren. Además, y presuntamente, siempre presuntamente, hicieron el favor de aligerar la decoración del piso ocupado y sin darse cuenta, por supuesto, originaron no pocos daños al inmueble. Hechos estos denunciados por los supuestos legales dueños que estos sí, van a tener que demostrar que efectivamente eran los legítimamente propietarios de lo supuestamente hurtado y/o dañado. Aquí sí, ¡pobrecitos! ¡Adivinanza!: ¿Cuántas horas han tardado el par de ellos desde que han entrado en el juzgado hasta que han salido por la puerta del mismo? A los okupas me refiero, que los demás no han hecho sino comenzar un largo y asombroso camino. ¡Pleitos tengas y los ganes!
¡Ya!, ¡ya!, les repito e imploro que no se me alteren. Mal vamos si es la ciudadanía quien tiene que poner orden en estos desaguisados, pues de esa cacerolada mezcla de indignación, miedo y hartazgo no cabría haber esperado nada bueno. Afortunadamente, los okupas se dieron a la fuga en cuanto tuvieron la menor oportunidad, con supuestas premeditación, nocturnidad y alevosía.
Recuerden los incidentes que tuvieron lugar en Mirandilla, cuando el pueblo harto de la parálisis sistemática expulsó a una familia que originaba la totalidad de los problemas de convivencia. Somos latinos y pasamos de cero a cien al cuarto de vuelta.

Peor aún, ¿las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado han de seguir aguantando y callando según qué cuestiones? Ni que decir tiene que las juezas y los jueces, así como el resto del estamento jurídico cumplen fielmente su juramento y vocación, que ya hay que tenerla y tener valor para desarrollar su labor.
Entonces y por eliminación… ¡los poderes públicos! Pues, por favor, arreglen ya de una vez esta sinrazón. Seguro que no es sencilla la encomienda, pero la empresa lo merece y sin duda les estaríamos todos muy agradecidos. Es más, hay quien opina que para estas cuestiones y otras similares es para lo que necesitamos de su liderazgo y buen hacer.

Finalmente, ruego a quien sepa del paradero de la cachimba se la devuelva al estudiante lo antes posible, para que pueda proseguir con su lento proceso de autodestrucción y envenenamiento (ya que voluntariamente se intoxica). ¡Qué pena!
Léase este artículo en tono jocoso, divertido y desenfadado pues demasiado serio es el tema tratado. Respetando la presunción de inocencia, incluida la propia, cualquier parecido con la razón, ética y lógica es pura coincidencia.












