Enorme libro, se mire por donde se mire. Y eso que solo llevo leídos la Presentación de sus editores Víctor Claudín y Alfonso González-Calero y el prólogo (no sé si llamarlo así) escrito por Félix Maraña.
En aquellos años (1975-1979) aunque era muy jovencito, ya había descubierto dos revistas que tenían una visión diferente de la vida o de la que yo llevaba (por fuera, como cualquiera) en Mérida, un pueblo extremeño.
Se decía que esas revistas eran contraculturales, una de ellas comunista (que aún subsiste, la revista), llamada «El Viejo Topo», la otra, libertaria (anarquista), «Ajoblanco». Esta me interesaba más porque era más asequible (podía conseguirse en algún quiosco o librería de Mérida) y salía mucha más literatura rara -con muchos nombres de escritores que desconocía- que era la que a mí me gustaba.
De aquella época me queda también el recuerdo (más hacia 1979 que hacia 1975) de los muchos cómics que leí: el Víbora, el Jueves, Makoki, Cimoc, Star, Moebius, de Robert Crumb, los de Marvel, Corto Maltés, Torpedo 1936, Tintín, Asterix y Obelix y muchos más que no recuerdo ahora.
La Ozono me sonaba de algo (de haber leído algo en algún Ajoblanco o quizás en Discoplay o en Rock de Luxe), pero «era de música un poco rara» y yo ya tenía mis gustos adolescentes más extraños si cabe.
Recién salido al mercado el libro titulado “Ozono. Un sueño alternativo 1975-1979” no lo he podido resistir y lo he comprarlo.
Es -para mí- una joya en donde puedo encontrar, por ejemplo, una entrevista que le hizo en 1977 (aún no se sabía si lo de España era una democracia o no) Rafael Chirbes a don (así pone) Ramón Tamames.
En ella se cuenta que Tamames estuvo en la cárcel, allí se debió leer -lo dice así Chirbes- media docena de novelas y se puso a escribir la suya. Como lo hizo por dinero, la puso en manos del dueño de Planeta (del que Chirbes añade que es un señor -el de Planeta- al que teme y detesta).
Con la novela, dice Chirbes, Lara que así se apellidaba el de Planeta y Tamames hicieron un gran negocio. Un negocio sucio. Y lo cuenta.
Y uno se decanta por lo que va descubriendo no del economista reconvertido en novelista apellidado Tamames sino un desconocido -en aquellos años, bueno y en estos también- Rafael Chirbes, que escribía en Ozono.
Se habla también en Ozono de cómo se preparó un proyecto de ley sobre el divorcio civil. Estamos hablando de 1975. La gente antes, no se podía divorciar, pero ese mismo año 1975 fueron presentadas diez mil solicitudes de separación canónica ante los Tribunales Eclesiásticos. España quería “modernizarse”.
Y Ozono fue una revista que ayudó (no sólo informando) a que hubiera avances sociales porque, en el ejemplo de los divorcios, para la sociedad era mejor que existiera esa ley a que no existiera (en encuestas que se realizaron, hasta los solteros y solteras estaban -en mayoría- a favor de que pudieran existir los divorcios, pero quién realmente promovió todo fueron mujeres, un feminismo muy activo, reivindicativo, plural y político, como el que hacían en la revista Ozono.
Pocas revistas hablaban en aquellos años setenta del siglo pasado de ciertos asuntos (feminismos, orgasmos femeninos, divorcios, acupuntura, “vegetarianismo”, el inconsciente en el budismo zen, el ecologismo -que no es solo ambientalismo-, LSD, filosofía, el terror nuclear, alternativas psiquiátricas, las cárceles del franquismo…) de ahí el valor de “Ozono”, por ello lo de comprar y leer (aunque sea “a toro pasado”) un libro donde se cuenta lo que no nos contaban.
O al menos no nos llegaba aquí, a la Mérida de hace cuarenta y tantos años , un pueblo de Extremadura, el mejor sitio -Mérida, Extremadura- para vivir.
Fin.












