El contorsionismo permanente del Partido Popular, en temas tan sensibles para la ciudadanía como las pensiones y la reforma laboral, es inevitable. Tortura los argumentos y las palabras para no decir en román paladino que su concepción del mercado de trabajo se fundamenta en la desregulación y la flexibilidad para el empleador y defiende un sistema basado en recortes y en planes privados de pensiones.
Así, el Gobierno de Rajoy apostó en el 2012 por una reforma laboral, yugulando la negociación colectiva, y en el 2013 devaluó las pensiones públicas, condenándolas al recorte. Ambas reformas, realizadas por el PP, sin acuerdo parlamentario ni concertación social. Que la reforma de las pensiones de Macrón, figure en el imaginario de Feijóo, así como el conflicto social, es un “déjà vu”, que siempre vivimos cuando gobierna la derecha.
Feijóo debería recordar la fuerte contestación sindical en el 2011 y 2012, de la misma forma que debería contemplar que el coste de pensiones en Francia suponen un 16% del PIB, mientras que en España está en el 12%. Será en el 2050, cuando España alcance los dígitos actuales de los franceses, y hasta ese momentos deberán ser los nuevos ingresos de más y mejores cotizaciones las que aseguren las pensiones de todos. Si el coste por hora trabajada en España es de 23,4 euros, mientras que la media en Europa alcanza los 33 euros, la incidencia del coste laboral para el año 2050 no alcanzará los 24 e/hora. No es creíble el argumento por parte de la derecha, de perdida de competitividad por parte de las empresas ante este alza.
Otro de sus argumentos, cargado de fariseismo, es que no se puede poner en riesgo la pensión futura de los jóvenes; cuando son sus condiciones precarias actuales, las que inciden en ese riesgo. Por esta razón, el acuerdo de la reforma laboral contra la temporalidad y precariedad, es premisa indispensable en la sostenibilidad futura de las pensiones. Si hay calidad en el empleo, este correlaciona con cotizaciones estables y ellas, con pensiones dignas. Es aquí donde el PP y sus aliados, la CEOE, encallan.
La ecuación debe resolverse dignificando las condiciones laborales, fidelizando al trabajador en la empresa con estabilidad y promoviendo el cambio de modelo productivo mediante la formación e innovación, que genere mejores salarios. Se resuelve con ingresos nuevos en el sistema y no con recortes sistemáticos en las pensiones, sobre todo cuando un cincuenta por ciento de los pensionistas no alcanzan los 1000 euros.
La derecha en su conjunto, utiliza la confrontación intergeneracional, para fabricar una dualidad virtual, al mismo tiempo que se oponen a todas las medidas de condiciones laborales más dignas. Es la misma estrategia de confrontación que utilizaron en el mercado laboral, oponiendo derechos de trabajadores fijos frente a los temporales, autóctonos frente a inmigrantes, hombres contra mujeres, empleados públicos frente a los privados, trabajadores por cuenta ajena frente a autónomos…
Esta reforma de las pensiones pone el acento en los nuevos ingresos, resolver brechas de género, resolver lagunas laborales o contemplar mejores soluciones para las carreras profesionales más irregulares en los últimos años, mientras la opción que nos ofrece el PP, es el recorte en gastos de pensiones. Seguro que este modelo necesitará de ajustes en un futuro, pero será sustantivo que sean concertados y basados, en la obtención de nuevos ingresos.
Hace meses, el Sr. Feijóo auguraba una catástrofe para el pasado otoño con el gas y la electricidad. Este mes, la inflación baja al 3,3%, aunque la cesta de la compra -inflación subyacente- está en el 7,5%; lo que quiere decir, que ahora sólo queda que la CEOE y muchos empresarios abandonen la senda especuladora, aumentando sus beneficios, negociando salarios y convenios colectivos. Lo acaba de decir el Banco de España y el Banco Central Europeo. Lo vienen diciendo el Gobierno y las fuerzas sindicales hace tiempo.













Creando puestos de trabajo, que ya vendrá alguien a cubrirlos y retribuyéndolos dignamente, es fácil resolver el problema.