Plasencia se destaca por su pulsión febril en celebraciones tradicionales. A Fernando Pizarro nunca le falta un púlpito para dirigir su doctrina. María Guardiola ha desperdiciado un excelente consejero institucional. Le estoy viendo, en plan “constitucionalista”, en la celebración reciente en Lisboa, conmemorativa de la figura de Muñoz Torrero; uno de los extremeños más lúcido que parió nuestra tierra, hacedor y protagonista de la Constitución de 1812, liberal patológico, luchador por la libertad de expresión y de la extinción de la Santa Inquisición. Por cierto, la Presidenta de Extremadura perdió una excelente oportunidad de estar presente. A los referentes hay que cuidarlos más.
Venía relatando sobre el alto grado de eventos tradicionales e inventados en nuestra ciudad y de la atalaya servida a nuestro primer edil para sus disertaciones sobre lo divino y lo humano. Recientemente, en la celebración del Día del Pilar, me comentan que los decibelios “españolistas” del Sr. Pizarro alcanzaron niveles propios de una España que se rompe. He intentado conseguir la soflama ardiente y combativa en el día de la Guardia Civil y no he podido disfrutarla.
Al parecer, y no puedo certificarlo porque yo no estuve allí, aprovechando que el Jerte pasa por Plasencia, se congratuló y realzó los tres poderes “allí presentes”: Eclesiástico, Judicial y el de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Ya saben ustedes que nuestro alcalde en ambientes floridos se viene arriba y no se cortó a la hora de encumbrar a la magistrada decana de los Juzgados de Plasencia, que no digo yo que no se lo merezca, pero que con la historia pendiente del Intendente de la Policía de nuestra ciudad, hay que guardar las formas y el fondo.
El próximo domingo tenemos otra celebración con la Virgen del Puerto y si no se espanzurra algún autobús subiendo, tendrá otra oportunidad para pedir a la Virgen que no nos quedemos sin españoles en España, porque me da que no hay cosa mejor que la exaltación de los valores patrios para olvidarnos de escaleras mecánicas, piscina cerrada, atención de ayuda a domicilio paralizada desde junio, suciedad en nuestras calles, policía escasa, presupuestos ficticios, transporte urbano desguazado, pavimento levantado, Ayuntamiento arruinado… Menos mal que ha llovido y que harán una limpieza integral en el centro de la ciudad. No piensen mal, que estoy seguro que luego vendrá la limpieza de San Miguel, Miralvalle, San Juan… y la pedanía de San Gil, a la que además se le debe dinero y ha denunciado a nuestro Ayuntamiento por un débito de 70000 euros. ¡Estamos mejor que queremos! Nuestro Ayuntamiento siempre va volando.
No quiero escribir nada que inoportune al Sr. Alcalde, pero tras 1.295 días de su gobierno, considero que ha tenido tiempo para poner esta ciudad en orden. Además, al final, veo que lo poco que se modifica o se hace en Plasencia es porque hay unos “santos”, que con su actitud de martillo pilón promueven mínimos cambios, ante la ineficacia de nuestro alcalde. Se me viene a la cabeza el proyecto de ordenanzas reclamadas por el denostado Julián Gutiérrez que, según me cuentan, es el culpable de todo lo malo que pasa en el polígono industrial de hostelería en Plasencia, la denuncia de Unidos Podemos con la Sala de Lectura Infantil, recién abierta por la presión de sus concejalas o el pleno forzado por el PSOE para la clarificación de la situación en la que se encuentra el desastre de gestión de la Residencia de Mayores.
Por cierto, imagino que ya tendrá Fernando Pizarro un listado de peticiones para la Presidenta de Extremadura, para que sean incluidas en los Presupuestos Generales de Extremadura; no nos vaya a pasar como siempre. Ahora, ya no está Guillermo Fernández Vara.













Las palabras de este sátrapa siempre rezuman no racionalidad y falta de credibilidad. Este personajillo pensará que cada vez que habla sienta cátedra.
Menuda cátedra sentó el Alcalde-sacristán de Plasencia en el acto de la Guardia Civil, exaltando a tres poderes dice que estaba presente y que enumeró: el Judicial, con la magistrada decana premiada por él; el eclesiástico (ahora pontifica el sacristán que es un poder) representado por el vicario general, invitado sin más al acto; y no me digan, lo último de lo último de los poderes, el de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Todo un lucimiento narcisista de este populista político.