Como estos días está «de moda» hablar del general de división Queipo de Llano (que junto a Franco, Mola y otros, formaba parte de la junta -que presidía Sanjurjo- que preparó un golpe de Estado en 1936) me sorprendió que hasta enero de 2018 el Ayuntamiento de Villanueva del Fresno no aprobara en Pleno -a instancias de la Diputación de Badajoz-, la retirada de los nombramientos como hijos adoptivos del pueblo de los militares Queipo de Llano, Yagüe, Asensio y Castejón conocidos como los autores materiales de la matanza de Badajoz (a 60 kilómetros de Villanueva del Fresno).
En agosto de 1937, según el acta de la sesión plenaria, se acordó “declarar fiesta local de Villanueva del Fresno el 28 de noviembre, aniversario de la liberación del pueblo por el glorioso Ejército nacional y las milicias y nombrar hijos adoptivos a los conquistadores heroicos de Andalucía y Extremadura”. De ahí viene todo.
Empiezo con esto de Villanueva del Fresno porque mi mujer nació en ese pueblo de poco más de tres mil habitantes y ni se imaginaba que Queipo de Llano fuera hijo adoptivo de su pueblo y menos que lo hubiera sido hasta 2018, cuarenta y tantos años después de que acabara la dictadura. Una rareza democrática como otra cualquiera.
Ángel Viñas, historiador y catedrático de la Universidad Complutense, en su libro “¿Quién quiso la guerra civil?” cuenta mucho mejor que yo que después del golpe de Estado, Sanjurjo presidiría un directorio militar con Calvo Sotelo (murió asesinado el 12 de julio de 1936) como presidente del Gobierno, Mola de ministro de la Gobernación, Franco de Defensa, Gil Robles de Marina o José María Pemán de Instrucción y con Queipo de Llano a saber de qué. Dos días después del golpe militar, Sanjurjo que ya había intentado dar un golpe de Estado en 1932 -la famosa Sanjurjada-, cuando iba a tomar el avión para trasladarse a la zona sublevada y tomar el mando, sufrió un accidente durante el despegue de la avioneta y falleció. Y cambió la Historia de España.
Aquí es donde quería yo llegar. A la Historia.
Creo que fue Luis Landero quien dijo que “pocas cosas hay tan necesarias hoy como aprender Historia, Filosofía y Literatura, porque es lo único que conseguirá civilizarnos”, lo demás es caos, ruido de fondo y pérdida de tiempo, añado.
Pero nos encontramos con lo que dice Rafael Altamira en su libro de 1902 titulado “Psicología del pueblo español” donde “retrata” a los españoles (grosso modo) demostrando (con carácter retroactivo) que no hemos cambiado tanto. Relata la falta de fe de los españoles en la enseñanza y algo así como que nos dejamos guiar más por nuestra intuición, nuestra hospitalidad, nuestra originalidad y nuestra laboriosidad antes que por el esfuerzo y los estudios.
Altamira habla también que los prejuicios, las tradiciones y “las leyendas malintencionadas y los déficits y errores que muchas veces son más hijos de los avatares y las circunstancias que del verdadero carácter y psicología de los hombres” con respecto al temperamento español.
Con lo que leo y escucho en las redes sociales, me viene a las mientes lo que dijo Antonio Machado de los españoles, que “de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.
Posdata: todo esto que he escrito viene al caso de algo que acabo de leer. Alguien ha dicho que Queipo de Llano era un asesino que mató a cuarenta y cinco mil personas. Otro respondió que pocas fueron. Este es el nivel. Poco más que añadir. Ahora nos toca ponernos en un bando o en otro. Y así sucesivamente, hasta que sepamos diferenciar entre lo qué es importante, lo urgente, lo útil y lo necesario.
Fin.












