Si como principios entendemos la base, origen o razón fundamental sobre la cual se procede discurriendo en cualquier materia, en este caso, pudiéramos entender la actitud de los diferentes actores del bien denominado, por parte de los propios protagonistas, como: “Sainete extremeño”.
Si, por el contrario, es la norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta, en este otro caso, no hay quien se entere de lo que aquí ocurre. Viene a propósito la genialidad, erróneamente atribuida a Groucho Marx: “Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”.
En cualquier caso, con esta fórmula se describe al político que acomoda el discurso, para adaptarse a lo que el electorado quiere oír. En nuestro caso, lo que su partido político en Madrid quiere oír. Por coherencia, María Guardiola Martín, ha de mantener sus contundentes declaraciones o dimitir. Lo uno o lo otro, esa es su opción y responsabilidad.
En cualquier caso, no podrá nadie negarle su valentía y arrojo. Su crecimiento como líder política es indudable y meritorio. Máxime en quien se declara católica practicante y exhibe públicamente y con orgullo la medalla de la Virgen María.
Los que hemos rezado e incluso intentando deducir el color del manto de Nuestra Señora la Virgen de la Montaña en la Concatedral de Santa María de Cáceres, sabemos que María no ha osado faltar al octavo mandamiento de la Ley de Dios. ¡Seguro que no!
Si como intereses entendemos el provecho, utilidad, ganancia o valor de algo, entonces sí, en este caso ya sí que podríamos empezar a entender el sainete. Puesto que de intereses va la trama y no de otra cosa. Intereses económicos y personales de todo tipo, pues nos da que el ego de cada cual también protagoniza y de manera principal lo que aquí acontece.
Y como el “sainete” se trata de una obra teatral en uno o más actos y como quiera que frecuentemente esta suele ser cómica, de ambiente y personajes populares que se representa como función independiente, no nos negarán que ahora sí queda perfectamente reflejada la situación generada. Y paso, a desgranar la definición de sainete:
El primer acto lo protagonizó, con gran naturalidad María; del segundo ha tardado mucho más en aprenderse el texto impuesto por Esperanza Aguirre que, sin duda, es la guionista de éste segundo acto del desaguisado y en él trata de imponer su criterio.
Cómica, lo que se dice cómica, para todos excepto para María que, está tragando quina, y de hecho ya quiso apartar de sí éste cáliz. Obediente, se ha ceñido a acatar las órdenes de don Elías, que es quien se encarga en primera persona de restañar heridas u ofensas.
Y en cuanto al final de la definición, la que se refiere a los “personajes populares”, PP, ¡pues eso! A las pruebas nos remitimos: personajes en la medida que sobreactúan, dudan, se contradicen y muestran sus miedos y debilidades.
Mientras éste don Pelayo, al igual que aquél, su tocayo, primer monarca del Reino de Asturias, tiene muy clara sus convicciones y asiste paciente a la representación teatral y cómica. Como buen emeritense sabe que hasta la mejor comedia se termina y da paso a la tragedia, en éste inesperado prolegómeno de la sexagésima novena edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.
Y la palabra. El valor de la palabra, que es lo único que se exige a un político ha quedado en desuso. La propia María lo ha dicho: accede a que la formación de Pelayo entre en el Gobierno de la Junta de Extremadura sólo por interés, no porque confíe en su palabra.
Extremadura abre una nueva etapa en su Historia. Debemos pedir que no vuelva aquel 25 de marzo por el bien de todos.












