“Exaudi Regina, tui pulcherrima mundi, inter sidereos, Augusta Emerita, recepta polos. Exaudi, genitrix hominum genitrique deorum…”
¡Salve!, Guardiola. Bienvenida a mi barrio de esta emérita contemporánea, los extremeños te saludamos en tu metamorfosis y ascensión desde tu estatus de “mulier” al olimpo de las “feminae”, pasado y futuro, antes y después tan necesario en nuestra civilización occidental y cultura cristiana.

Muy adecuada la elección de las magníficas instalaciones del Museo Nacional de Arte Romano para dar el relieve e importancia que su investidura como presidenta de la Junta de Extremadura requiere y que se celebrará el próximo lunes día 17 de julio.
Anda el “Pontifex Maximus” que “pierde la cabeza”, velo incluido, con los preparativos de tan magna ceremonia. Ordenando a siervos y esclavos, incluso a libertos, tal y como corresponde a la máxima autoridad religiosa.
Mármol blanco, de Carrara, que la cita así lo requiere y las diferentes deidades romanas andan a la gresca y zaragata con Juan Antonio Rollán Gómez, pues difieren en la protocolaria ubicación y emplazamiento de todas y cada una, especialmente interesadas en figurar, cual si de un postureo juvenil y tan de moda se tratase.
Sin duda obligada la colaboración del jefe de Protocolo de la Junta de Extremadura, condecorado con la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito Civil, concedida por su Majestad el rey Felipe VI. El llerenense, Grado Oficial Universitario en Protocolo y Organización de Eventos, Jesús López Santana, que tendría que conocer que Juan Antonio regresó muy reforzado, siquiera de espíritu, tras la audiencia de Su Santidad, en la plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano.

En privilegiada zona los senadores y administradores del Imperio, detrás los “nobilitas”, patricios descendientes de los fundadores aristócratas con derechos ciudadanos y plebeyos enriquecidos de las fértiles vegas del Guadiana y el Tajo, quienes se acomodarán en las primeras filas, moderna orchestra de sillas que, a tal efecto, se afanan en disponer paralelas y alineadas simétricamente la servidumbre, los ya nombrados con anterioridad: esclavos y libertos.
A continuación, supuestas caveas “ima” y “media” (pues de pompa, boato y teatro se trata) para los plebeyos peninsulares sometidos, extranjeros, vagos, équites, clientes o plebe, colonos… Aclarando y distinguiendo las cinco clases sociales romanas.

Como en “Augusta Emerita” nos hallamos y el Imperio se basa en un sistema de poder centralizado en las figuras de los emperadores, se espera la presencia de ambos a tan magna sesión: Albertus Feijóo Caesar Augustus y Tiagus Abascal Caesar Augustus.
Según los jubilados emeritenses que se reúnen en la plaza de Margarita Xirgú, ya han visto al “lugatus” entrar en la tienda de Feliciano Becerra y pedir bocatas de jamón ibérico de bellota de las dehesas de nuestra Lusitania. Treintañero y senador de trienio que incentiva a sus subordinados inmediatos con tan suculentos manjares.
Tribunos, oficiales y el noble, que agradecen el detalle, prosiguen y se afanan en su obligación previniendo posibles altercados e indeseables alborotos, tumultos o manifestaciones en día tan señalado.
Todavía recuerdan los lugareños aquella tarde en la que Sus Majestades los Reyes de España, justo antes de entrar en el recinto del Teatro Romano para asistir a la representación, cuando descendían de su coche oficial, tuvieron que ser escoltados por su séquito.
El peligro inminente era la invasión bovina de las frisonas lecheras de Pedrito Molina que, tras pastar y beber, regresaban desde “La Isla”, una vez superadas las empedradas calles Legión X y Cánovas del Castillo y antes de enfilar, en ordenada procesión mugiente, ¡muuu, muuu!, la calle Hernán Cortes donde eran estabuladas previamente al segundo ordeño diario.

Evocación y añoranzas sonoras de aquellas campanillas y cencerros, ¡tilín, tilín!, que anunciaban el paso majestuoso de las vacas que precedían al pastelero “El Chinche”, de la Vía Ensanche, lindando con la plaza de toros de San Albín, frente a la “Casa de Mitreo” que en la caja delantera y elevada de su generoso triciclo albergaba los pepitos y bambas de crema.
Aquellos primeros aromas de nuestra infancia, sustituidos ahora por los muy legales e industriales, debidamente plastificados y perfectamente etiquetados, acúmulos refrigerados de colesterol (ácido graso saturado de cadena larga) tan insanos como sanitariamente correctos. Bienvenida a mi barrio, bienvenida a mi Mérida. ¡Salve!, Guardiola. ¡Dios te salve, María!












