En “Martín de Caretas en el pueblo” novela de Sebastián Juan Arbó (de 1955), el abuelo, para demostrar lo malas que son las mujeres, le cuenta a Martín (de doce años) la historia de Sansón el valiente y forzudo que un día cogió trescientos zorros.
Cuando el desconfiado Martín le dice al abuelo si trescientos no eran muchos zorros y le pregunta cómo los cogió, el abuelo dice que no moleste y que la historia no “lo cuenta”, pero que con la ayuda de Dios todo se puede.
El abuelo siguió hablando. Sansón le pegó fuego a la cola de los trescientos zorros. “¿Él solo?”, preguntó Martín de Caretas. “Ya te lo he dicho. Cuando Dios quiere, con todos los vientos llueve”, contestó el abuelo.
Con el fuego en la cola, los envió a los campos de trigo de los “filisfeo” (así llamaba el abuelo de Martín a los “filisteos”) que eran los malos. Los zorros se metieron por los trigos y todo lo quemaron.
Más tarde Sansón -contaba el resabiado abuelo-, yendo por un camino vio un león y se lo merendó en un rato.
Siguió Sansón caminando y con una quijada fresca de burro mató a mil “tilisfeos” en un rato. A Martín le parecieron muchos porque él no sabía contar más allá de doscientos y no creía que en el pueblo nadie supiera llegar a mil.
El abuelo dijo que el problema de Sansón es que le gustaban mucho las mujeres y era muy hablador. Esa fue su perdición. Una noche, mientras Sansón dormía, una mujer le cortó el pelo y se quedó sin fuerzas. El pícaro Martín le preguntó a su abuelo cómo podía ser eso. El abuelo dijo que Sansón tenía toda su fuerza en el cabello. Martín pensó que él, lo que iba a hacer, era dejarse el pelo largo para cuando se pegara con el hijo del herrero con el que siempre estaba en pleitos.
Y ya está, ahí acabó la historia de Sansón contada por el abuelo de Martín.
Como me quedé con las ganas de más fui a las fuentes, a la Biblia, una que tengo del Círculo de Lectores de 1972.
La historia de Sansón se narra en el Libro de los Jueces (Antiguo Testamento de la Biblia cristiana), capítulos 13 a 16.
Sansón fue el que hizo número 13 de los 14 jueces que gobernaron Israel en aquellos años. Nació en Zorah, Israel en el año 1118 a. de C. y falleció en Gaza en 1078 a. de C.
Los jueces no eran magistrados, eran héroes. Juez (en hebreo “safat”) significaba “el que restablece una situación comprometida por la opresión de los enemigos, el que libera y gobierna”. Sansón, por tanto y según la Biblia, era un Libertador, un Caudillo, un Héroe. Leo que en aquellos años (mil y algo antes de Cristo) los israelitas (Sansón lo era) empezaron a dejar de ser nómadas aposentándose en Palestina (sedentarios y mucho más evolucionados), en la tierra prometida. De aquí viene -parece ser- cierto devaneo histórico y territorial que nunca supieron explicarme bien.
Sansón era un líder de una tribu israelita. Los israelitas desagradaron a Yavé y Yavé los entregó en manos de los filisteos (de procedencia egipcia, dominaban el Mediterráneo) durante cuarenta años.
En la Biblia se cuenta que Sansón nació de una mujer estéril porque un Ángel de Yavé le dijo que no bebiera nada impuro ni bebidas alcohólicas (intento ser lo más respetuoso posible) porque se iba a quedar embarazada.
Y que (copio y pego) “no pasará la navaja por su cabeza, porque el niño será nazareo de Yavé desde el vientre de su madre”.
Se cuenta que de joven Sansón le pidió a sus padres una mujer filistea (“tomádmela por mujer”). Cuando le preguntaron por qué alguien “del enemigo” (los filisteos oprimían a los israelitas) dijo Sansón: “Dame esa porque me gusta”.
Leo que “bajaba Sansón a las viñas de Timma, le salió un cachorro de león rugiendo. El espíritu de Yavé se apoderó de él y con las manos desgarró al león como se desgarra a un cabrito”.
El libro de los jueces está lleno de metáforas y no quiero dejar la historia a medias (“en los huesos del león había un enjambre de abejas con miel, Sansón se llenó las manos y comió”)
En un momento dado le entró el espíritu de Yavé y con una quijada de asno fresca mató a mil hombres.
Luego Sansón “se fue a Gaza, donde había una prostituta”. Aquí “agarró las dos hojas de las puertas de la ciudad con los postes y el cerrojo, se las echó al hombro y las llevó a la cima de un monte”.
Sansón era fuerte. Hasta que conoció a Dalila, una mujer del valle del Sorec, filistea de la cual se enamoró Sansón.
Enseguida Dalila le pidió a Sansón que le dijera qué había que hacer para que perdiera todas sus fuerzas. Se lo dijo. Dalila le cortó el pelo y “le prendieron, le sacaron los ojos y lo llevaron a Gaza”.
Le creció el pelo. Derrumbó un templo con “los jefes y sobre todo el pueblo que estaba allí” y murió todo el mundo.
Sansón fue juez de Israel durante veinte años. Así acaba el libro de los jueces. No sé más.












