Por ir al norte, fue al sur. Creyó que el trigo era agua… » Cuando Tamames era del Partido Comunista, yo era un mozalbete afiliado a la Falange Auténtica; a la de Hedilla. Me presenté como candidato en las primeras elecciones generales en la provincia de Cáceres. Nuestro jefe nacional, Pedro Conde, era un obrero de la Fasa Renault de Valladolid, gritábamos “Viva la República Sindical”, y cantábamos: “Que no queremos reyes idiotas” o “Entre los paisanos y los militares, llevan a Juan Carlos por los bulevares, como monigotes van detrás de él…”. De aquél viaje, hace cincuenta años, me quedo con todo, aunque el tiempo me haya enseñado que mi verdadera Patria es lo opuesto a la fotografía final de los diputados de VOX, con Tamames, gritando, ¡Viva España!.
Éramos la pasión adolescente por la justicia social, por otro orden que pusiera fin a la Dictadura de Franco. Eramos una ilusión a contra corriente, del José Antonio traicionado por mercaderes y arribistas, de una Falange imposible. Eramos poesía y sueños, pudiendo haber sido poesía y sueños, en cualquier otras siglas políticas, pero mi adolescencia la viví ahí y la tengo integrada como una parte afectiva, inolvidable. Más importante que dónde has estado, es saber lo que has sido. Guardo los mejores recuerdos de aquellos camaradas, bañados por la inocencia de los años. Es mi memoria.
En 1973, una noche, a las dos de la mañana, nos detuvo la “secreta” en la Ronda del Salvador, a mi amigo Rodillo y a mi, repartiendo panfletos con un relato que decía: “¡Español! ¿Eres tonto? Pues Franco piensa que sí…” La extrema derecha siempre nos llamó “rojos” y “traidores”. Yo, sí me acuerdo de Blas Piñar y de su banda. En los mítines iba acompañado de uno de los asesinos de los abogados de Atocha. Hay que reivindicar la Memoria Democrática.
Los valores que he aprendido se los debo, en parte, a aquella época. A aquéllos de entonces, los sigo reconociendo aunque unos partieran al PC, otros al PSOE, y otros se mantengan en la nostalgia. Luego, vino la universidad y nuestra vietnamita “hedillista” era compartida por cualquier organización antifranquista. Más tarde, el tiempo de emigrar a Cataluña, de forjar mi vocación de maestro y conocer la lucha sindical, afiliándome a CCOO.
No pretendo hacer historia, pero es mi historia. Soy socialdemócrata y nuca oculté ni renegué nada de mis experiencias vitales. Soy lo que soy, porque fui. Y con seguridad, siempre se está en el lado bueno de la historia, si defiendes la justicia social frente a la caridad; pensiones dignas, salarios decentes, prestaciones sociales, inclusividad del diferente, educación y sanidad pública…
Escuchar a Tamames me devolvió a las lecturas de entonces sobre la generación del 98, a Unamuno y a Ortega y Gasset. Por cierto, la propuesta de reforestación del país, por parte de los jóvenes, que nos alumbró Tamames, la hizo José Antonio siendo parlamentario en Las Cortes. Ha sido toda una lección de cómo no tenemos que envejecer. Hay un tiempo para estar y otro para irse sin que te lo indiquen.
Un tiempo para vivir y otro para ir aprendiendo a morir con dignidad. Son leyes universales para evitar terminar cerrando el círculo, siendo el niño egocéntrico que fuiste, el payasete inducido en las sobremesas, o el egoísta que vende por enésima vez un repertorio de chascarrillos a la carta. Que venda, al día siguiente de la moción, su discurso en Amazon por unos euros, nos lo dice todo. Leer a Machado, a Ortega o a los socráticos, ser del Partido Comunista, y vivir lo vivido, le ha enseñado poco.
La Guerra Civil no comenzó en 1934 en Asturias. Antes, en enero de 1933 se produjo la masacre campesina de Casas Viejas. Las reformas de la II República eran lentas y boicoteadas por la derecha. Sr. Tamames, la guerra civil se inició con el hambre secular de libertad y tierras en España. “Por ir al norte, fue al sur…”













Es el aprendizaje de la vida la que nos hace ser lo que somos. Y, sobre todo, lo aprendido en la adolescencia nos marca y forja el devenir de nuestra existencia. Claro que nos ha servido en la vida y nos sigue sirviendo para aportar aún lo mucho aprendido para el desarrollo de nuestra patria chica. Y lo ya trabajado en nuestra vida laboral de servicio también a nuestra Nación. Gracias por ese espíritu de servicio inculcado y que ha sido y sigue animando lo mejor de uno mismo. Como decía la canción… ”al servico de España con placer…”