“Con las cosas de comer no se juega” o “Nuestra ruina será tu hambre”, son algunos de los lemas que los agricultores o ganaderos enarbolan en esta súplica perenne. Más de un siglo de menosprecio al sector primario que, al fin, ha estallado. Dos días de reivindicaciones y los que quedan…
En el último cuarto de siglo, hemos asistido atónitos a la imposición de unas normas, directivas comunitarias, leyes nacionales y decretos regionales que nunca han contado con los agricultores o ganaderos, principales obreros o partícipes de la economía de la Unión Europea.
Legiones de burócratas, expertos y funcionarios, de todo pelo y condición, han defendido sus propios intereses. En algunos casos desde la prepotencia y la más absoluta ignorancia agronómica o económica, en otros casos influidos o beneficiados por los grandes lobbys farmacéuticos y multinacionales alimentarias o distribuidoras.
Lo cierto es que nos encontramos con un campo español empobrecido o endeudado que apenas llega a poder hacer frente a las deudas que tan oportuna y generosamente han concedido las entidades bancarias (verdaderas destinatarias de las ayudas de la Unión Europea), como así se refleja en las cuentas publicadas hace unos días y que destapan sus mayores beneficios históricos.
En estos días estamos asistiendo a las protestas, en forma de tractoradas, en los puntos neurálgicos de las vías de comunicaciones de nuestra nación. Una vez apagados los primeros detonantes en territorio francés y sofocada la revuelta, siquiera sea de forma temporal, por los compromisos adquiridos por las autoridades políticas galas, toca el momento de hacer lo propio en España.

Oídas las declaraciones del ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación queda claro que el Gobierno actual no se entera ni recoge las demandas del sector primario. Volviendo a un circunloquio baldío y cansino que a nadie ya convence. Luis Planas tilda de “peculiar” al movimiento “6 F”, enfrascado en su dialéctica reiterativa y política, prometiendo por enésima vez: “diálogo, trabajo y compromiso”.
El campo no se alinea con los partidos políticos o las supuestas organizaciones agrarias que, en teoría, deberían ser los representantes de los empresarios agropecuarios y que en la actualidad de poco o nada sirven a quien les paga. Apenas para recibir las subvenciones y dar trabajo a una legión de ingenieros que han de lidiar con la burocracia impuesta. Cerrando el círculo concéntrico de la sinrazón imperante.
Por su parte, Ursula Von Der Leyen, en “capilla” ante las próximas elecciones europeas, ahora sí, cede en algunas cuestiones como los pesticidas o el barbecho. De manera que donde dije “digo” digo “Diego” y … vuelta a empezar. Quedando claro que aquí cada cual mira por sus intereses personales, importando menos los nacionales y menos aún los europeos.
La guerra de Putin en Ucrania, los acuerdos con Mercosur, la Agenda 2030, Marruecos y los pesticidas, el Brexit y lo que nos viene… ¡Pelillos a la mar! Lo que antes era vital, ahora puede esperar, al menos, hasta que pasen las elecciones a la Unión Europea y esta pléyade de insatisfechos o avariciosos, funcionarios venidos a más, vean su futuro seguro.












