El pasado domingo vino a Mérida el paleontólogo y escritor Juan Luis Arsuaga. Estuvo en “La Selva Dentro”, librería ubicada en la calle Romero Leal 5, presentando su último libro. Se titula “Nuestro cuerpo: Siete millones de años de evolución”.
A pesar de que a Mérida no vienen muchos personajes tan interesantes como Arsuaga, no fui a escuchar su charla ni a que me firmara algún libro suyo porque me quedé en casa viendo la final del Mundial de fútbol femenino. Por una vez, elegí barbarie.
Quién sí estuvo fue MJ. Compró un libro, no el que presentó.
No sé si guiado o no por la necesidad de satisfacción inmediata que es “el encanto de un mundo desencantado”, de George Ritzer, uno de sus libros, en el que vivimos, leí el libro de un tirón.
El libro que adquirió MJ y que Arsuaga le dedicó “con todo el cariño”, es el segundo que escribió a medias con Juan José Millás. Se trata de “La muerte contada por un sapiens a un neandertal».
Y tomé notas, muchas notas. Desde nombres de libros y autores como “El azar y la necesidad” de Jacques Monod o la “Metafísica” de Aristóteles, la lista de los “héroes” de Arsuaga: Aristóteles, Epicuro, Demócrito, Lucrecio, Feynmann y el ya nombrado Monod, hasta palabras de las que desconozco su significado como propiocepción, pleiotrópico, semelparas, genes Hox o ataraxia.
Y todo esto en un libro dedicado a la muerte, o mejor dicho, de cual es la versión sobre la muerte de un sapiens (Arsuaga) frente a la de un neandertal (Millás).
También saqué del libro frases que me llamaron la atención y que me quedé:
-“En el mundo animal los machos luchan en la palestra, las hembras en la pasarela, que son los dos modelos de procreación”.
-“Las hembras se reproducen con los que tienen mejores genes”.
-“El pudor de los seres excesivos…”
-“La cercanía (en el trato) produce seguridad”.
-“En la base del optimismo está el terror” (frase de Oscar Wilde).
-“El peor pecado del ser humano es la soberbia”.
-“Conviértete en un Epicuro, disfruta de lo que eres”.
Todo lo que estoy escribiendo en el fondo es un alarde de epicureísmo.
Arsuaga, en la página 42 del libro, se declara epicúreo y que por eso no teme a la muerte: «Cuanto tú estás, ella no. Y al revés.» Y añade que solo somos átomos en movimiento.
Gracias al libro de Monod nombrado antes, un tomo que es “epicureísmo en estado puro” Arsuaga llegó a la conclusión de que “estamos solos en un universo indiferente en el que hemos surgido por azar”.
Y entonces, en la conversación con Millás, Arsuaga dice que “la ausencia de sentido no significa que tengamos que renunciar a practicar el bien», marcando las diferencias entre epicureísmo y hedonismo.
El epicureísmo es la búsqueda de un estado de ánimo sereno y abierto a los placeres de la vida, es decir, la búsqueda de la ataraxia que no es otra cosa que una forma de equilibrio entre la mente y los sentidos, también llamada “serenidad”.
A Epicuro le importaban más los placeres intelectuales que los materiales, y también evitar el dolor que perseguir directamente el placer. Eso, según Epicuro, es lo que todos buscamos en realidad. Y decía saber la mejor forma de conseguirlo.
El hedonismo es la actitud vital que sigue mucha gente hoy en día basada un poco en el carpe diem y que solo quiere el placer como fin inmediato y fundamento de la vida. Solo el placer, primero del cuerpo, después, de la mente.
En (burdo) resumen: epicureísmo es salir de casa para ir a escuchar a Arsuaga; hedonismo, quedarte en casa viendo un partido de fútbol.
Fin.












