Diez voces monologan desde la soledad y el dolor, desde la desesperación y el miedo, desde la enfermedad y la locura. Diez personas enfrentadas con la muerte. De eso trata “El orden natural de las cosas” novela del portugués António Lobo Antunes que publicó en su idioma hace treinta años y que compré diez años después cuando salió en la editorial Siruela traducida por Mario Merlino.
No me acordaba de lo de la desesperación, el miedo y esas cosillas de esa novela de Lobo Antunes. De ese escritor tengo casi todo, pero he leído poco. El suyo no es un estilo fácil ni recomendable.
La novela suya que más recuerdo es “Tratado de las pasiones del alma” en la que un terrorista y un juez de instrucción que habían sido amigos de infancia se enfrentan en un juicio. El terrorista era el nieto de un terrateniente. El juez, hijo de la mísera familia campesina que trabajaba para el terrateniente.
Hasta aquí el principio de lo que tenía pensado escribir sobre el escritor portugués que fue médico todoterreno en la Guerra de Angola y eso que él había estudiado psiquiatría y que no tenía mucha idea de amputar brazos y piernas y cosillas así que ocurren en las guerras inventadas por personas que no van a ellas.
También iba a escribir sobre que el Nobel de Literatura que le dieron a José Saramago -hay que leer su “Ensayo sobre la ceguera” y poco mas- debió ser para António (sí, con acento en la primera o) Lobo Antunes, pero ese año le tocaba a un comunista. Y sí, ética, moral e ideológicamente no tiene nada que ver alguien de origen humilde con una persona de clase alta nacida en Benfica, barrio de Lisboa, con “suficientes” posibles para poder estudiar lo que su padre, medicina como es Lobo Antunes. Pero hablo de literatura.
Al final, pensé que me saldría un artículo muy chulo basado en alguna de las crónicas de Lobo Antunes cuando se me colapsó internet. Y me cansé. A punto estuve de tirar la toalla y cortar de raíz la única conexión que tengo con la realidad de por ahí fuera, la más lejana, la que nos atrapa en sus redes, la red de redes: internet.
Somos tiempo y el spam me hace perder mucho. Desde que anoche escribí en el buscador más famoso las palabras “Lobo Antunes”, para leer alguna entrevista al escritor, mi pantalla se ha llenado de imágenes de su novela “El orden natural de las cosas”.
Y tengo que empezar a perder el tiempo -que es oro- borrando toda esa propaganda de un libro que compré hace más de veinte años -es raro que solo salga ese libro del autor- como tuve que hacer el otro día con algo que puse en el buscador cuando quise ver los precios de un»equipamiento escolar».
Aún así, la información de esta empresa de «equipamiento escolar» sigue saliendo en el ordenador en horizontal, vertical, arriba o abajo o en el centro de la pantalla.
No aguanto mucho más. Será que me estoy haciendo viejo y cascarrabias. No sé cómo gestionáis el asunto este del spam -a saber lo que os llega a los móviles-, pero no quiero poner mi tiempo a disposición de quién me lo hace perder. No sé cómo lo gestionáis vosotros.
Y es que spam es cualquier forma de comunicación no solicitada. Y yo no pido nunca nada, solo que me dejen en paz con mis libros y mis cosas.
Voy a ver qué dicen en sus libros Naomí Klein, Marta Peirano y Shoshana Zuboff. Y a borrar otro puñado de información no pedida de un libro de Lobo Antunes y de “equipación escolar” que no tengo pensado comprar.
Esto sí que es una historia de soledad y de dolor, de desesperación y miedo, casi -es un decir- desde la enfermedad y la locura y el cansancio que produce el spam.
Fin.












