Tonto es todo aquel falto o escaso de entendimiento o razón. Capirote es el gorro alto en forma de cono, generalmente de cartón y cubierto de tela, que forma parte del hábito que llevan algunos penitentes y cofrades en las procesiones de Semana Santa en España.
Tonto de capirote es un insulto culto y arcaico que tiene su origen en la Edad Media. La Santa Inquisición obligaba a que se lo colocase sobre la cabeza quien resultaba culpable o tan sólo acusado de algún delito, pecado o incluso herejía.
De esta forma el portador del gorro en forma de cucurucho invertido era objeto de burla y escarnio por parte de los asistentes a las plazas públicas donde se exhibían los castigados por el tribunal eclesiástico.

Igualmente interesante era que según el grado del castigo el reo o acusado debía portar una serie de piezas y elementos que servían para diferenciar las penas impuestas. Los penados por faltas menores y que mostraban arrepentimiento además debían vestirse con el “sambenito”, prenda similar a un saco de lana, completando de este modo su humillante indumentaria.
Los capirotes actuales se circunscriben a los cofrades y nazarenos de las procesiones o estaciones de penitencia de la Semana Santa. Lejos de broma y escarnio, son tratados con respeto e incluso admiración por el resto de fieles y creyentes espectadores. Atrás quedaron los paseos a lomos de burros y los lanzamientos de frutas y verduras podridas a los caídos en desgracia.
Bien es cierto que se ha mantenido como expresión coloquial e incluso denigrante si se quiere y referida únicamente a aquellos que eran obligados a llevar la cara descubierta en cumplimiento de la pena impuesta por los extremistas católicos del medievo. Actualmente la expresión se aplica a quien se entiende como falto o escaso de entendimiento.

En pleno siglo XXI hemos de discernir a tontos y tontas sin ayuda de abalorios ni caperuzas. Es más, podría deducirse que los tontos aconfesionales predominan por amplia mayoría, aunque tan sólo sea por probabilidad estadística. A la vista de las últimas declaraciones desafiantes y soberbias incluso, de las defenestradas dirigentes y dirigidas, Ione e Irene, no se precisa el capirucho invertido para calificarlas.
Y pensar que estas pecadoras han lucido el nazareno como color de su morada amalgama. Bien harían en solicitar el ingreso en alguna cofradía de nueva creación, aun siendo ardua tarea porque sin duda, antes de pagar la primera cuota, tratarán de portar la Cruz de Guía y ser capataces de paso. Aunque tan sólo fuere para mandar a los costaleros… y costaleras, ¡faltaría más!













