Guardiola Martín y Martínez Almeida, el 8 de septiembre en Madrid.
Película de época y de inacción extremeña (de nuestro día a día) y que evoca a la de épica y de acción estadounidense, del año 2006, dirigida por Zack Snyder.
Hace bien poquito y quizás por primera vez en mi vida, me han dado una lección magistral y gratuita. Un profesional del periodismo, jubilado, con un mensaje breve y conciso: “viva la libertad de expresión… siempre desde el respeto.” ¡Ahí es nada!
Todas las anteriores en mi vida me han costado tiempo, dinero o salud, a las lecciones me refiero. Empecé la Educación General Básica de los años setenta del pasado siglo en el “Colegio Santo Ángel”, de la calle Lope de Vega de Mérida. Los legionarios a nuestro lado son niños de teta. Los verdaderos novios de la muerte somos los que sobrevivimos a las palizas que, día sí y día también, varios perturbados con perfiles sádicos nos propinaban.
Si hoy en día a un maestro, con o sin titulación, (ese era el perfil de los magísteres en aquellas mazmorras) se le ocurre infligir cualquiera de las torturas físicas y/o psicológicas que padecimos, sin duda termina en la carretera de Olivenza. Si alguien alberga alguna duda de lo expuesto que se lo pregunten a Eduardo Pla Omenat, a Javier Moreno Nova o a Andrés Madruga Fernández; quienes en mi curso lideraban, con gran esfuerzo físico (dejándose la piel, literalmente) y sacrificio personal, la clasificación general por puntos. En nuestro caso, puntos de sutura.
Pero me centro en lo mollar del artículo de hoy. La libertad de expresión, para todas y todos, que diría el poeta. Los centrados ideológicamente, entre los cuales, y tras mucho tesón y lectura por mi parte creo encontrarme, defendemos este principio básico de nuestro sistema democrático. Parafraseando al erudito: “no comparto tus ideas pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlas”.
Conocí a Francisco Javier Ortega Smith-Molina, por casualidad y a través de amigos comunes. Salí indemne del fugaz encuentro y no había vuelto a tener noticias del secretario general de Vox, hasta hoy. Leyendo la prensa digital, la antigua y antiecológica hace tiempo que no la disfruto, por tiempo y economía, circular o no.
Al tiempo, me sorprende la siguiente noticia en la que cifran en trescientos los asistentes al acto convocado por la ocurrente de los lunares y sus adláteres. Aproximadamente similar número de asistentes, pero con grandes diferencias.
La lideresa enfrente de la puerta de los leones, Daoiz y Velarde rugen de risa, asombrados al ver el espectáculo. En procesión diaria y festiva, distinguen a la recién nombrada por aclamación y chitón, portadora del estandarte, que en un momento de lucidez se arranca a bailar.
De comparsa, la jerezana y resistente Inés Arrimadas García, pareciera que de presidentas sin futuro va la cuestión. Edmundo Bal Francés (que se va y/o que no se va). José Luis Martínez-Almeida Navasqüés, quien de todos es sabida su tremenda preocupación por las comunicaciones ferroviarias de Extremadura. El novillero e hijo de Adolfo Suárez González (Dios tenga en su Gloria). Algunos otros políticos, que no menciono por no extenderme.
Jesús Navarro Luis, colega de trabajo, en el edificio de la compañía de seguros “Plus Ultra”, frente por frente al Congreso y que casualmente llegaba de tomar café en ese momento. Además, se acercó el botones del hotel de cinco estrellas, “The Westin Palace, Madrid” quien se unió a la comitiva cuando esta pasó por delante de la puerta de su centro de trabajo. Quien no sabiendo nada del asunto en cuestión, se acercó a curiosear.
Los escasos manifestantes parapetados tras pancartas que intentan sin conseguirlo, camuflar sus aviesas y electoralistas intenciones. (En este caso “electoratontas”, permítanme el palabro).
Por su parte y en la Avenida de Alemania número uno, justo en la Cruz de Los Caídos de Cáceres, la misma cantidad de personas apoyan otro acto. Y hete aquí que una graciosa paseante y paseando a su perrito, cubierta su cabeza por su montera blanca y con visera, que es para lo que la tiene, la cabeza digo, no tiene otro lugar en el mundo por donde pasar. Justo por delante del atril del espigado paracaidista, que a fe que han de ser de buena calidad los componentes de las telas que mantengan a esta persona sana y salva en cada salto.
No contenta con su atrevimiento, interrumpe el acto de modo grosero y mal educado, haciendo un gesto copiado al honesto y también engominado Luis Francisco Bárcenas Gutiérrez.
Concluyo: “Libertad de opinión y expresión, eso sí, siempre desde el respeto”. Juan Manuel Cañamero González, (lo ha dicho el maestro).












