En Facebook, basándose en alguno de estos textos que escribí llegué a la conclusión de que hay personas a las que no he visto en mi vida que deben conocerme bien. Es una gran suerte: hay días en los que ni yo mismo sé quién soy.
Entre otras lindezas dijeron de mí, que soy un pequeño burgués, alguien que se lo tiene muy creído y, la frase que más me divirtió, que ideológicamente soy de extrema derecha.
Esto hay que explicarlo un poco. Hace años, andaba yo por aquí -Facebook- defendiendo algo que había dicho alguien de Podemos partiendo de la base de que ellos se defienden solos, cuando, no recuerdo qué escribí, de pronto saltó un señor escritor -que tuviera faltas de ortografía, de concordancia y de sentido, mucho de todo, daba igual, él era escritor-, diciendo sin que nadie le hubiera preguntado, que él era muy de izquierdas y que me bloqueaba porque yo era un facha y de extrema derecha y no sé qué más. Como me bloqueó, no me dejó preguntarle cómo había llegado a esa sorprendente conclusión
Para demostrar que quienes me conocen tan bien, llevan razón voy y agarro un libro cualquier de mi biblioteca.
Este mismo: “El enemigo conoce el sistema”, libro que le publicó Penguin Random House el verano de 2019 a la periodista y escritora Marta Peirano.
Guiado por el azar, lo abro por cualquier sitio.
Página 290. Capítulo titulado: “Los leopardos se comerán tu cara”. En él se dice que, tecnológicamente, hoy el mundo se parece más a la novela “1984” de Orwell que nunca. En esta novela de ciencia ficción el ojo del “Gran Hermano” vigila constantemente. Todas las casas, calles y sitios están llenas de pantallas que espían, acechan y controlan lo que hace todo el mundo.
El mundo actual es igual, la diferencia es que, aunque nadie nos obliga a actuar vigilados ni a tener una telepantalla siempre encendida, la llevamos a todas partes (Shoshana Zuboff lo llama «La era del capitalismo de la vigilancia»). Somos nuestros propios esclavos de la tecnología.
Pero no, el mundo occidental no es cómo “1984” de Orwell, novela publicada en 1947 o 1948, los países que describe ese libro bien podrían ser China o Corea del Norte.
El nuestro es más parecido al que pintó Aldous Huxley quince años antes que Orwell, en su novela “Un mundo feliz”.
Mientras en “1984” nadie tiene nada y todo es gratis (como en las dictaduras comunistas), en “Un mundo feliz”, todo el mundo es dichoso y está satisfecho porque posee todo lo que quiere y pide.
Sigo con el libro de Marta Peirano. Página 232. Mientras Orwell temía que los Estados nos ocultaran la información y con ello la verdad, el temor de Huxley es que nos dieran tanta información que nos viéramos reducidos a la pasividad y el egoísmo, que la verdad fuera ahogada en un mar de irrelevancia.
Ahora vuelvo a mí. Leyendo lo que cuentan Marta Peirano, Orwell, Huxley o Zuboff ¿alguien cree que puedo perder el tiempo molestándome porque digan de mí que soy un pequeño burgués, un engreído y de extrema derecha?
Con los años estoy empezando a aprender a diferenciar entre lo importante o necesario y lo que no.
Es más, otro ejemplo, un día dijeron de mí que era guapo. Esta afirmación puede ser debida a uno de estos dos motivos: porque alguien oculta información o porque a quien lo dijo le dieron tanta información que la verdad fue ahogada en un mar de irrelevancia. O dos si son chicos. Los mares de irrelevancia, digo.
Fin.












