Me ha llamado la atención que en varias publicaciones históricas, de los últimos días, hayan aparecido artículos y estudios, sobre la presencia de los españoles en Hispanoamérica, como en las revistas Historia y Vida y Desperta Ferro, además de varios libros e incluso hasta documentales como, «Hispanoamérica». ¿Está reaccionando el mundo de la historia, sobre todo de autores hispanoamericanos, ante estas ideas falsas que han implantado, sobre todo provenientes del mundo anglo, incluido EEUU, para conseguir un rechazo de la cultura hispana, e introducir ellos su influencia, sobre todo política en Hispanomérica?

No me extrañaría. Según parece, este documental que se estrenará el próximo 12 de abril, cuenta la historia que nos ocultan o tergiversan. Y «muestra el esplendor aún vigente de los 300 años de historia compartida». Y ataca las barbaridades que se han y se siguen haciendo, con una nueva arma, que sustituye o acompaña, a la vieja Leyenda Negra, EL INDIGENISMO. Nada extraña esta reacción, ante estas tergiversaciones históricas, que habían surgido en EEUU, seguramente para tapar el mayor genocidio cometido en la Humanidad, en los últimos siglos, como fue el exterminio casi total de los indígenas que vivían en los territorio norteamericanos y que habían convivido con los españoles.

En el 2020 se produjeron en California manifestaciones, en las que derribaron la estatua del Fray Junípero Serra, el gran defensor de los indígenas. Pero ¿ por qué? Lo curioso es que lo trataban de racista. Esto surgió por la muerte de un afroamericano, George Floyd, por asfixia, tras apretarle un policía, con la rodilla el cuello, durante 8 minutos, tumbado en el suelo. Y ante esta brutalidad, surgió un movimiento antirracista, que ampliaron a lo que llamaban «símbolos históricos de colonización, esclavitud y genocidio cultural, como las estatuas de héroes confederados o de Cristóbal Colón.»
Y la pagaron con las estatuas de los «conquistadores», hasta con alguna de Cervantes, algo que ha llegado hasta el 2023, que vandalizaron la de Alcalá de Henares, destrozando la pluma que lleva. Incluso, en California, tras arrojar de su pedestal a Fray Junípero Serra y vertieron sobre su estatua pintura roja. Pero podríamos pensar que en España habría que protestar ante tamaña injusticia contra un personaje, que por lo que hizo, ha llegado a santo, pero no fue así, por eso, no se comprende que hicieran algo semejante, en su tierra, en Palma de Mallorca arrojando a su estatua, pintura roja y poniendo la palabra, racista, pero quizás se entienda menos, que alguien con un cargo político «lo entendiera».

Y así lo comentaban algunas publicaciones: «Con anterioridad al acto vandálico de Palma y sin ninguna relación con ese ataque, la edil de Justicia Social, Feminismo y LGTBI del Ayuntamiento de Palma, Sonia Vivas, de Unidas Podemos , había afirmado el 21 de junio en su cuenta oficial de Twitter que «las ciudades hablan mediante los nombres de sus calles, monumentos y estatuas. Cuentan una historia política de élites y oligarquías. Los habitantes toman la palabra en San Francisco y tiran la estatua de Junípero Serra».
En el artículo anterior, ya citaba yo, un dato evidenciando que la «Conquista de América» no fue tal «conquista», sino un pacto, porque el 95% de los «conquistadores» eran indígenas, así es que, como no se conquistaran a sí mismos, no tiene razón este término, en el sentido que se ha estado utilizando. Sólo hay que ver que cuando vemos a una persona, por nuestras ciudades, con ciertos rasgos, enseguida sabemos que es hispana, algo que es imposible encontrar en ningún originario de EEUU, ya que se los cargaron, bueno, a casi todos, algunos sobreviven todavía en algunas reservas.
Porque ¿quién se va a creer que Francisco Pizarro, con 180 hombres, conquistara Tahuantinsuyo (El imperio Incaico)? ¿O que Hernán Cortes, con 508 efectivos, conquistara la federación mexicana?

La «conquista» por llamarla de alguna manera, fue pactada entre indígenas y españoles. Cuando acaban los enfrentamientos, los propios indígenas se quedan como sargentos, alguaciles mayores y otros cargos. Algunos incluso formaron parte de la intelectualidad, como «El Inca Garcilaso», aunque su padre, era el capitán Garcilaso de la Vega, oriundo de Badajoz y por lo tanto extremeño, pero se casó con Isabel Chimpu Ocllo, hija de Huallpa Tupac, o como la mexicana sor Juana Inés de la Cruz, que aunque no fuera de origen indígena, escribió en el Náhuatl clásico, parte de su obra, lo que indica, que no se atacó la cultura indígena, sino al contrario, las leyes españolas reconocían los derechos de los “naturales” a hablar su propia lengua y utilizarla.

Así pues, los indígenas en los cargos que ocupaban, eran los que combatían las rebeliones de otros nativos. España mantiene toda la estructura indígena de cacicazgos, curacazcos y jefaturas.
Y es que, en América, no hubo racismo, sino que como ocurría en la propia España, sólo había «clasismo».

Por ejemplo, la hija de Francisco Pizarro, Francisca Pizarro Yupanqui, llega rica a España, se traslada a la corte de Felipe II y llega a vivir en un palacete en Madrid.
Los mestizos ricos que llegan a España forman una auténtica oligarquía mestiza, son de los más reconocidos en los pueblos o ciudades que habitan y evidentemente, no existía problema racial.
«Si eras mestizo con dinero, no había problema, eras poderoso y te casabas con una española blanca.
Si eras pobre, sí sufrías discriminaciones, pero no tanto por la raza sino por la pobreza. Sorprende que sean comportamientos que pasan ahora al igual que en el siglo XVI.»
Nada pues, que ver con la idea del general Philip O. Sheridan: “El único indio bueno es el indio muerto”. Aunque esta frase se la atribuyen al general Custer, de la caballería del Ejército de los Estados Unidos, responsable de la conquista del Oeste y del genocidio indígena.

Los españoles habían convivido, desde el primer momento, con los indios independientes. En el suroeste de Norteamérica, y habían identificado a unas cuarenta y cinco tribus diferentes. Casi todas eran nómadas y vivían de la caza, pero sobre todo del robo. Las relaciones con los españoles e indígenas de las misiones, solían ser comerciales, de intercambios, pero sobre todo, estas tribus eran muy belicosas, debido a la escasez de bienes y se dedicaban al comercio, y sobretodo al saqueo, como algo normal, a otras tribus o a las misiones y poblaciones fundadas por los españoles. Lo que más buscaban eran los caballos, los famosos mustangs, nombre derivado de «mesteños», o sea de la Mesta, cuya posesión además de un elemento muy útil, en los desplazamientos, y transporte, era símbolo de estatus, pero también cogían cautivos, a los que utilizaban como esclavos o los vendían.
Hay toda una historia de algunos españoles cuyo barco naufragó muriendo casi todos, y «Los que quedaron vivos fueron apresados por los indios mayas con trágicas consecuencias. Una buena parte de los supervivientes fueron sacrificados a los dioses y, el resto, encerrados en jaulas de madera. Y así se lo contaron a los historiadores del momento: «Dijo que los calachiones de aquella comarca los repartieron entre sí, y que habían sacrificado a los ídolos a muchos de sus compañeros, y de ellos se habían muerto de dolencia, y las mujeres, que poco tiempo había pasado que de trabajo también se murieron, porque las hacían moler».
Al final de todo esto, sólo sobrevivieron dos, el clérigo Jerónimo del Aguilar y el onubense Gonzalo Guerrero. Hernán Cortés, ocho años más tarde del naufragio, se enteró de que había dos españoles en manos de los Indios y les hizo llegar la posibilidad de dar una suculenta recompensa para comprar su libertad. «Para Aguilar aquella muestra de afecto fue suficiente y, cuando recibió la misiva, aceptó sin dudarlo. Pero a Guerrero no le pareció adecuado.

Según el historiador, Bernal Díaz Del Castillo, cuando su colega le informó de la propuesta, este le respondió con una sonora negativa:«Hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras. Id vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¿Qué dirán de mí cuando me vean esos españoles ir de esta manera?»
Y es que Guerrero había pasado, por su experiencia militar, de esclavo a cacique. Algunos relatos, nos muestran que los indígenas, que eran tratados en igualdad, como a cualquier español, recién llegado, no eran tan «buenos» como lo indigenistas, quieren hacernos creer. El emeritense Juan Rodríguez Suárez, fundó la ciudad de Caracas en la «ranchería» de S. Francisco, que fue destruida, matando a todos, indígenas y españoles, por el indio Guaycaypuro.
Pero a pesar de ello, decidió, en dicho lugar, fundar una ciudad, que se convertiría en la capital de Venezuela, aún así, su estatua fue retirada y metida en un lugar lleno de trastos ( bueno algo así le pasó en esta Mérida nuestra y sigue sin colocarse en algún lugar público).
No sería la única matanza que cometió este indio, porque descubiertas unas minas de oro en tierras de los Teques, comenzó la explotación Pedro de Miranda, pero atacado por Guaycaypuro, tuvo que abandonarlas. Fue enviado Juan Rodríguez Suárez a pacificar aquellas tierras y venció por cinco veces al cacique, firmando con él pactos de paz. Tranquilo por ello, se marchó Suárez con dos compañeros y este viendo las minas sin protección, las asaltó por la noche matando a los trabajadores y a los hijos de corta edad de Suárez.
indios
Si uno busca, se encuentra con diversos relatos e imágenes, de las masacres que los indios cometieron, pero contra los colonos ingleses. Ellos las contaban magnificadas, porque de esa manera creaban en la mente y el sentimiento popular, el que si ellos destruían a todos los indígenas, y producían un genocidio, este estaba justificado, por la enorme crueldad de su raza contra ellos.
Sin embargo, nada decimos los españoles de las crueles torturas de los caníbales aztecas a una caravana de Hernán Cortés. «Un grupo de arqueólogos ha encontrado los restos de más de 550 españoles, que fueron capturados y aniquilados por los nativos del Nuevo Mundo. Entre ellos había mujeres y niños».

Ni otras muchas, en las que no sólo envenenan los ríos, sino que mataron a todos los habitantes del pueblo en el que convivían. Sin embargo todo esto se ha ocultado, o no se le ha dado la suficiente publicidad, o sea, ninguna. Quizás porque todas estas desgracias, las asumíamos los españoles, porque nuestra historia está llena de masacres, de los pueblos que ocuparon nuestras tierras, como los romanos. Es evidente que sólo he relatado algo de lo que sucedió. Pero creo, que con esto basta, para que cuando leamos algo de estos » neoindigenistas», que los describen como pueblos angelicales, y nosotros unos malvados genocidas y racistas, pensemos, que les han tomado el pelo, a pesar de que a la vista ostenten una gran melena.












